Circulo de Temazcaleros en Chile




El día 9 de marzo, apropiadamente un día pedernal según la cuenta calendárica mesoamericana,  nos reunimos un grupo de amig@s que tuvimos hace ya más de 13 años un primer acercamiento común al arte y ciencia del temazcal, baño de vapor medicinal y ceremonial, quienes posteriormente fuimos siguiendo distintos rumbos por caminos distintos, unos juntos, otros solos, unos acogiéndose al alero del cultivo de tradiciones, otros acogiéndose bajo la luz de un fuego que los llevó a soñar senderos que nacían bajo sus pies. Estas no son las historias de impoluta iluminación que se suelen contar, son historias transidas por la ceguera y la visión, con su dolor y su liberación, sombraluz pues de quienes simplemente no quieren-pueden dejar de levantarse tras cien caídas o piedras en ese incomodo zapato del ego. Historias que se anudan y desatan en una historia de desencuentro y reencuentro, de enjuiciamiento y aceptación. No pudieron estar tod@s las y los que fueron en el origen ya borroneado por la desmemoria y la leyenda (leyenda de poder sin poder), pero aún así fue un hito en el camino, un detenerse y honrar agradecidamente esa común unidad en medio de la diversidad, desvestida de pretensiones refundacionales empujando una comunidad imposible, que sin embargo al mirarse se descubre en una hermandad intocada, sabiéndose parte de la familia de lo vivo, de lo humano, de los buscadores y de los temazcaleros, como círculos concéntricos de estrellas que en diversas galaxias alumbran un mismo cielo. Encuentro donde se quiso compartir conversando frente al viejo fuego una palabra simple, florida en el respeto mutuo, la conciencia y la amistad. Un compartir el relato de trayectorias centrifugas por los peregrinados senderos del misterio ceremoniado, y un compartir visiones y praxis sobre el temazcal, esa querible entidad-amigo-herramienta-maestro, que nos convocó, ahí mero en la Casa de la Tortuga Azul que Pia Waidele puso morosamente a disposición. Y ya una vez alhajado aquel bello temazcal de adobe, con una alfombra de eucalipto, laurel y pirul, encendimos juntos un fueguito íntimamente rezado en el silencio y la ofrenda. Ahí comenzó a circular la palabra, ahí el sueño empieza a volar, y como en un derroche de gratuita auspiciocidad, la madre naturaleza nos regala el rasante vuelo de un halcón chileno que con su inspirador chillido sobre el circulo, parecía decirnos algo, quizás que este era un espectáculo bonito, digno de verse más de cerca. 

Quien esto escribe fue señalado por el grupo para empezar, y contó así de sus pasos pasados y presentes, de su irrenunciable deseo de caminar por un sendero que no solo nace bajo sus pies sino que también se borra tras de si, dejando quizás apenas huellas que invitan a la autonomía, no por secretismo, sino por una coinspirada  libertad, donde más que no tener intermediarios entre las fuerzas cósmicas y uno, todo es un conector-maestro-advocación, todos maestros-aprendices. También habló de la mestiza unidad de la ciencia y la vida cotidiana y de estas con los saberes ancestrales, del placer de ir cazando-recolectando indicios entre cosmogonías, visiones y prácticas, sin buscar verdades, ni menos perfecciones, sino ejercitando quehaceres y comprensiones, libre del apego a creencias y sin la obsesión por descreer, soltando certidumbres, no más para abrirse al despellejado encuentro con la experiencia humana. Habló del amor como la mutua aceptación que constituye la conexión biológico-espiritual de todo con todo, y del temazcal como matriz relacional de sanación y exploración perceptual, nave antroponautica en esa gran matriz relacional del habitar humano y sus fundamentos olvidados; Amor, juego, ensueño, contemplación y mirada-acción poética. Nave para cultivar, despierto y soñando, la armonía psíquico-relacional, y para explorar y ampliar la percepción y la conciencia, desde donde trabajar colaborando en la social cocreación de un mundo con el amor más a flor de piel, con más igualdad y democracia. Antroponautica que hoy en día comparte con quien le escuche, y en especial desde el movimiento social urbano de los pobladores.

Luego la palabra pasó a Carlos Otero, quien nos contó de su paso por esta tierra, husmeando en lo invisible omnipresente por aquí y por allá, entregándose disciplinadamente a diversidad de caminos, que luego dejó atrás, y fue así descubriéndose caminando y contemplando su caminar como la cuestión fundamental a conservar, peregrinando la unidad psíquico-corporal, explorando, cantando y enseñando la dinámica sinergia del vivir. Nos contó de la transformación que sufrió tras su primer temazcalazo, donde la máscara del héroe siempre victorioso resultó hecha añicos ante el poderoso golpe de un vapor inesperadamente rudo y amoroso a la vez, camino hacia si mismo en el reconocimiento de la siempre palpitante propia vulnerabilidad. También señaló la necesaria e inescapable unidad entre tradición y renovación, y nos habló de su sueño del temazcal como un observatorio astronómico y humano, donde explorar contemplativamente y desde la raíz del cuerpo, la siempre insondable experiencia de estar vivo, y de observarse observando el vivir y convivir. Praxis y comprensión desde las que trabaja sembrando temazcales en diversas comunidades, donde la medicina del baño de vapor sea requerida.

Luego fue Pía Nakawe quien, de pie frente al fuego y contentándolo con bolitas de copal, hiso florecer su palabra enterneciendo los corazones. Ella nos dijo, nos esta diciendo, que ha pesar de los años de experiencia es y somos aprendices, apenas niños a los pies de la abuela vida. Agradecida de las y los maestros, de las y los compañeros, ha aprendido a caminar ahora a solas, de cara a los más hondos sentidos que su corazón despierto siente, señala, inspira. Al mismo tiempo, desde esa autonomía, amorosas telarañas relacionales teje ella, hoy y siempre, para todas y todos cuando el calendario interior presiente llegar la hora del trabajo conjunto. Así también alumbró el mas acá, mencionando que reconoce como tal la sabiduría, ya no sólo maya o tolteca, sino también de sus propias abuelas, madre y familia. El que es águila, donde quiera vuela. De gallina se me puso la carne cuando la escuche decirnos, que así como ante el cielo estrellado, o a los pies de la cordillera, somos nada ante el todo manifestado, dentro del oscuro útero del temazcal, nos empequeñecemos, nos achicamos así ante la fuerza de la impresentida inmensidad que ahí es convocada. Herramienta donde el canto es vía para el cultivo de la más embriagante devoción, y la palabra una nueva extremidad para tocarnos mutuamente.

Para entonces, el fogón ya enrojecía las piedras volcánicas y el ocaso de rojo pintaba el horizonte, la palabra fue ahí para Manuel O`Brian, hermano de Raíces de la Tierra. Con voz suave y el corazón abierto, nos conto de su camino, de sus maestros-abuelos, del sueño que despiertos van realizando. Con otro tanto de luz sobre la luz derramada, nos regalo una bella distinción, muy intima para él, que diferenciaba entre el ser represéntate de una tradición, con el ser portador de una visión recibida, una visión soñada por otros antes que él, y que, como es su caso, se abraza desde si, convirtiéndola en propia al vivirla. Medicina del gran misterio, medicina del inipi-búfalo, medicina hoy mestiza y urbanamente bebestible, para el bien de todas y todos. Así, ahí fue visto y todos concordamos, que tal tipo de vinculo, es tan un camino propio, camino de libertad, como la senda de cualquier lobo solitario. También nos habló de cómo corren temazcales según esta visión Lakota, considerando alineaciones entre el sol y la luna, y entrelazamientos entre diversas ceremonias como son la danza del sol y la búsqueda de visión. Camino primordial, con aroma a mitos nativo americanos del norte, floreciendo arboles medicinales en el propio corazón.

Ya cuando la noche se había cernido sobre los conjurados, y las estrellas en el cielo titilaban a gusto mientras la luna nueva aún venía oculta trepando el lomo de la cordillera de los andes, la palabra llegó donde Gonzalo Sanfuentes, amo y señor del blanco temazcal de Nahualhuapi, en quinta de Tilcoco, tierra de brujos donde el diablo perdió el poncho. Y nos conto algo de sus experiencias tempranas con el temazcal, cuando compartíamos “La Disciplina”, y de cómo estas luego lo llevaron, más que por diversos caminos, por un solo camino, serpenteante y emplumado, que subía y bajaba, peregrinando por un y otro lado. También nos relató como las cosas cambiaron cuando sembró su propio temazcal, y que en su búsqueda mucho lo ayudo conectarse con la sabiduría mapuche, desde esa fuerza lunar y ctónica, propia de la madre tierra en la tierra de la gente de la tierra. Así mismo, compartió como la medicina del desierto también lo llevó a parir un nuevo entendimiento, donde todo lo que había buscado, lo encontró enfrente de sus narices, a medio paso, tan elemental como vivir feliz, con gozo, lo cual lo llevó simbólicamente a cambiarse el nombre, de Tomas, a Gonzalo.

Finalmente, nuestros tres invitados presentes; María Sanhueza, Francisca Van Yurick y Carlos Vera, tomaron también la palabra y expresaron su visión del camino respectivamente recorrido, palabras de transformación liberadora y creativa. Y Carlos, quien también tiene experiencia con el temazcal y viene compartiendo el camino de Raíces de la Tierra, nos recordó, nos está recordando, que la vida, desde el momento en que nacemos, es, completita, una experiencia espiritual, que al nacer empieza ya el camino, y todas son experiencias espirituales. Y que quizás no las vemos así simplemente por que así nos han enseñado, a ver sin ver,  o a no verlas como tales.  Así mismo es no más pues, y ahí mismo todos también estuvimos de acuerdo. “Todo lo que vemos y hacemos, con respeto, agradecimiento y conciencia, es una experiencia espiritual, desde ahí reconozco todo tipo de experiencias como parte de mi camino”.  Bajo el cielo estrellado, nos compartió que en su opinión, los maestros son  facilitadores, personas generosas, que te muestran caminos y experiencias.  Y que si uno decide estar en un camino, es menester respetar las formas, las tradiciones que el mismo implica. Y si se elige andar solo o crear el propio camino, igual corre la importancia del respeto, de la gratitud. Respecto al temazcal nos mencionó, como fue de potente para él encontrarse vivenciando el hechizante embrujo de lo elemental, lo primordial del fuego y el barro, del canto a viva voz y hasta de los gritos, que en comparación a sus búsquedas previas entre los sufís, maestros del refinamiento, fue algo  estremecedor, llegando a descubrir en ello, medicina para su corazón, una medicina salvaje y sutil a la vez, que en este presente él abraza. Y que ve el temazcal como una herramienta para descubrirse, para vencer miedos y prejuicios, así como para descubrir a otros. 

Así fue, resumiendo, la primera parte de nuestra bella jornada, luego entramos al temazcal, que nos aparecía quizás más vivo que nunca, como si estuviera él alegre, volviendo a ser el centro del universo. Y cada uno corrió una puerta, una puerta por donde entramos al corazón del corazón. Y de lo cual no hablaré aquí, por que hay que estar donde hay que estar, para ver lo invisible y escuchar el silencio de lo indecible.

Por distintos motivos, no pudimos contar esta vez con la presencia de Marcela Vera, otras y otros compas raiceros, y de Adán Beltrán, caminante del Fuego de Itzachilatlan. Pero todo parece indicar que sin querer queriendo esta fue una semilla arrojada en tierra fértil, y como tal, quiere seguir creciendo. Oportuno será entonces abrirse además a otras y otros temazcaler@s, que vienen de sus propios puntos de origen, diversos y enriquecedores de esta milpa cósmica en la que andamos, ni tan distintos, ni tan distantes. Y cierro aquí el punto, con un poema en estilo náhuatl, pero entero mestizo, como quien les habla. Salud!


Temazcalli

Compadrito, comadrita
aquí en el circulo verdeazulado
conversemos, cantemos aquí.
Ya nos vamos, solo de pasada
frente a la faz del mundo
donde los corazones gozan
donde los corazones sufren.

Riamos, dancemos
ofrendemos dulces rezos
frente a la faz del fuego
donde se endiozan corazones
donde vuela el pensamiento.

La medicina del vapor sagrado
ya está purificando los cuerpos
las alas de la percepción
estanse ya, como flores, abriendo
aquí, bajo la oscura bóveda del misterio
en la matriz donde a morir
donde a renacer, se viene.

Cuatro elementos, cuatro rumbos
y un corazón en movimiento.
En lo oscuro nos vemos
en la cueva del jaguar
donde por todas nuestras relaciones
de rodillas el suelo besamos
y donde se entreveran
las flores de nuestra palabra

Que al calor del fogón
los sentimientos se templen
los juicios se olviden.
De silencio vestidos, devenir esplendentes.

Ser el rezo que ser soñamos,
deidades quizás no hay
magia, poder tampoco
¿Y que más da?
amistad haya en los corazones.
Aquí tan sólo un instante
la muerte, sabia amiga
no tal vez otra tarde
aquí estaremos,
frente a la rojinegra faz
del temazcal.


Ignacio Muñoz Cristi 

3 comentarios:

  1. Carlos Castillejos says

    Un gran gusto que los amigos caminantes se reunan, si así lo quieren. La amistad es una piedra preciosa, el afecto incondicional le hace resplandecer...el temascal respetando la forma se transgrede la forma quedando la forma intacta,...pero cuando las formas se vuelven piedra en el zapato hay que descalzarse hasta desnudar el afecto.
    Un gusto que se encuentren...por acá el Sindicato de Abuelos Independientes les da un abrazo.
    Carlos


    Ignacio Muñoz Cristi says

    La de por aquí es una amistad grande, además, por que nuestra amistad llega hasta por allá, en el mero norte. America se llama nuestra amistad, indoamerica-mestizoamerica. Eco de retorno para el abrazo del sindicato!


    rayoespiral says

    arcoiris de múltiples naciones fluyen por nuestros corazones
    todos los seres somos familia de todos los seres
    viva la vida con las movidas dela vida
    viva la muerte con las libertad de la muerte
    viva la amistad potente y nutritiva
    seamos la poesia viva de la alegria
    felices de ser el tod@s en un@
    y ela un@ en tod@s