El retorno de los Kogis I


Dice el cantador que, enrrollada al pie de la montaña sagrada, una cabeza de la serpiente quiere socavar con voracidad el vientre de la madre tierra. Seguro que la otra cabeza quiere enseñarnos algo, si creemos en la balanza y la razón del equilibrio.



(Mensajes de los Mamos, ancianos Kogi, según lo que dicen en la película del mismo nombre presentada por la BBC de Londres, 1997. Con respeto, honrando a mis formadores y guias, ojalá que no abuse de la imagen-palabra).

¿Te puedes imaginar una enorme pirámide al lado del mar? ¿Puedes visualizar una pirámide cuyos lados miden más de 120 kilómetros de largo cada uno? Así es la montaña donde viven los Kogi, un lugar en el que crece cualquier planta que puedas imaginar y donde encuentras todos los climas. Es el “corazón de la tierra”, donde viven los “hermanos más antiguos”: la Sierra de Santa Martha, en la costa caribeña de Colombia.

“La gran madre creó el mundo en el agua. Ahí creó el mundo y así nos habla. Nosotros cuidamos la naturaleza, somos los Mamos. Eso es lo que hacemos aquí. Vemos que ustedes están matando la naturaleza con lo que hacen. No podemos arreglar el mundo. Ustedes están destrozando la Tierra mientras nosotros buscamos cómo enseñarles a parar de hacerlo”.
Para los Kogi somos los hermanos jóvenes. No sabemos cómo cuidar la Tierra, el Mundo.

Ni los colonizadores ni los campesinos habían podido llegar hasta donde ellos viven. La selva, en la actualidad, aún separa el mundo Kogi del nuestro. Entre ellos hay campesinos que trabajan la tierra sin herramientas, comunidades que no usan la rueda; educados sin libros, sacerdotes que aún tienen poder. Descendientes de los Atlantes, conservan la forma de vida heredada de los ancestros.

Hasta hace poco no permitían que los curiosos se acercaran a sus comunidades. Estaban separados de los caminos transitables por un puente sagrado, rudimentario, que sólo permite el paso de una sola persona a la vez. La Gran Madre habló a los Mamos y les dijo que nos enseñen a cuidarla.

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