Yolotl Teonanacatzin


Si el hombre orinó frente al añejo tronco del árbol o si el abuelo/abuela cuidandero de la montaña se levantó en ese instante sólo para "hacerle casita" y ayudarle a vaciar la vejiga o si ambas cosas u otros oficios hicieron posible ese encuentro, nunca lo sabremos. Ni vendría al caso saberlo si el árbol/abuela/abuelo no hubiese abierto la puerta, ni mucho menos si el pensamiento dualizado no se hubiese detenido ante el consejo de ancianos:
-el anciano Árbol del Águila que da hojas para fertilizar la tierra, dicen los lugareños;
-los pinos destilando agujitas de lluvia, la que sonó todo el día grabando sobre los impermeables y sombreros un "cidi" de pura paciencia;
-los Guardianes de la Niebla atravesando las emociones viejas como acariciándolas y mostrándoles que todo es pasajero;
-el Padre Ehecatl-Viento, silencioso cascabel bailarín vitalizante sube-baja desde sabe donde;
-Madre Tarde ataviada con listones de los cuerpos arcoiris que deambulan en la sangre amalgamando los sentidos, nuncios de la Señora Noche;
-...toda la cohorte terrenal, aves, insectos, flores, nubes, lagartijas, grillos...
El canto, muy simple: "Esto, orinante, es la libertad". Tal vez dijeron "onirante", pero ya saben que la carne de los dioses, teonanaca, es muy bromista.
Gracias, todas.

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