Relatos de Poder sin Poder (I)



Animado por la inspiración de Carlitos Castillejos en un post anterior, publicaré aquí un “suceso memorable” que había escrito hace como dos años, y que no tenía intención alguna de publicar pero que en nuestra casa-venado viene bien, se trata de un Relato de Poder sin Poder. Es sobre una experiencia que tuve al retomar el contacto con Rubén Liebano, quien fuera el maestro que durante cerca de 7 años, cuando viví en México, hizo en mí la obra gruesa de desmalezar el florido jardín de mi pendejez. Hubo otros, pero a él debo la fortuna de contar con un ejemplo contundente de impecabilidad. Incluso quizás un ejemplo sin muchos relatos de “Poder”, pero que en su alegría, armonía y desapego me educó en lo que sin duda es la base del habitar Tolteca.

Tres frases sintetizando su sabiduría: “Amar es dejar libre al otro, y sobre todo a si mismo”; “Valemadrismo, eso es la impecabilidad, la libertad”, y a nosotros los aprendices siempre nos decía oportunamente al remachar la lección: “Ya quiéranse cabrones”. Ciertamente las palabras no muestran la matriz relacional en que hace sentido el enorme trabajo de filigrana que hizo por nosotros, y él también tenía sus fallas, pero las reconocía sin vergüenza. A él va dedicado este relato, y también a Carlitos, a quien sólo tuve el gusto de ver apenas unas 7 veces, al comienzo de mi aprendizaje y hace unos meces atrás, pero de quien aprendí un chingo, y de quien celebro su apertura reflexivamente renovadora, incluyendo su apertura digital.

El día anterior había llegado Rubén desde México, en esta ocasión venía acompañado por Vivian y posteriormente aterrizarían en Santiago Jonatan y Jesús. Ese jueves los fui a saludar en la tarde a la casa de los padres de Tomás. Yo me encontraba en un estado de gran alegría e incluso de una callada euforia diría. Desde hace un tiempo a esta parte había tomado cuenta perfectamente que después de mi recorrido fuera de La Disciplina por los territorios de la ciencia y la reflexión llegué a perder por completo mi antiguo propósito abstracto. Lo cual estuvo bien, por que fue mi compromiso con la libertad lo que me llevó ahí. A través de un despiadado y largo examen de mis creencias y de lo que me mostraba mi experiencia y la comprensión biológico-cultural del vivir, llegue a asentarme en el mero centro de lo que los brujos llaman el “centro de la razón”, pero antes de alcanzar ese punto exacto, me convertí en un ateo y agnóstico irreductible para quien la única forma de conservar la magia fue a través de la escritura de poesía. Con el tiempo mi malestar fue creciendo, debes en cuando, pero cíclicamente, una fuerte desorientación existencial teñía mis actos. En algún momento me di cuenta que lo más honesto es aceptar que uno no tiene como hablar de nada que exista con independencia de uno en tanto observador, llámese, Dios, la vida después de la muerte, pero tampoco un vaso, una casa, el yo, nada hay que no sea traído a mano por la operación de distinción que hacemos como seres en el lenguaje. Cambié la pregunta por el ser, a la pregunta por el hacer del observador, la preocupación por la existencia no fue más posible, y desde ahí desapareció la dicotomía creer/no creer, ahora se abría de par en par el camino de la experiencia desnuda, disjunto pero entrelazado al camino de las explicaciones. No me extenderé en esto pero quisiera evocar el sentir de que me hallaba donde me hallaba por un serio, responsable y audaz intento de tomar en serio la pregunta por la naturaleza biológica del conocer y del vivir humano, así como por el hecho de hacerme cargo de las consecuencias de encontrar la respuesta. Este intento lo empecé como guerrero, y lo termine parado en otra parte, me transforme en la convivencia con mis maestros y compañeros en un científico impecable y en un ciudadano conciente de su habitar, aprendí plenamente lo que es la autonomía reflexiva y de acción. Sin embargo algo en mi reclamaba por mi antiguo modo de vivir, y una vez que solté todas mis creencias, cuando acepte mi mortalidad y mi desintegración final siguiendo el camino que se siguiese, cuando en el fondo renuncié a toda expectativa enlazada a mis antiguas creencias Toltecas, quedo el puro deseo, el puro amor por esa relación viva que siempre mantuve “con” el Espíritu, y ese romance con el conocer y el vivir. En ese momento me di cuenta que podía habitar ahí, sin creer ni saber, sin certidumbre pero tampoco con el malestar de la incertidumbre, la pregunta por la existencia o inexistencia ya me venía “valiendo madres”, ahí apareció silenciosamente la conmovedora vista de lo que DJ llamaba el “centro del conocimiento silencioso”. Durante un largo periodo estuve oscilando entre uno y otro de una manera titubeante, perdiendo claridad, sin embargo de pronto mi sentir cambió y empecé a conservar esa visión y a trabajar por comenzar a conservar una nueva continuidad habitando ese centro sin esperar nada a cambio, sabia ahora que me encontraba en el mero “centro de la razón”. Y sabía que estaba más solo que la chingada. Un cuerpo gordo y con fatiga de material, el habito de entregarme a mis vicios autoconsintiéndome hasta la tontera, entregándome a la autocompasión, la rabia, la lujuria, la nostalgia, entre otras, me señalaban que prácticamente se me había pasado el tren. Sin embargo había estado conservando otro tipo de aprendizajes y entrenamientos al trabajar en arreglar las distintas dimensiones de mi mundo, las bases estaban asentadas, ahora mi tonal era firme, o casi. Recordando el decir de Rubén; uno nunca sale del camino, a veces un paso hacia atrás nos da la potencia para avanzar más rápido saltando hacia delante. Aún no se me pasaba el Ave de la Libertad, que como decía CC, cobija a los guerreros bajo sus alas otorgándoles un vivir compacto, potente, un vivir con propósito.

Ahí estaba yo cuando supe que Rubén venía a Chile una vez más, y esta vez se quedaría cerca de dos meces y medio, lo cual era realmente inusual. Además venía costeando su estadía por sus propios medios, lo cual es toda una novedad considerando como son las cosas en el mundo del “coaching” espiritual, el no llego aquí invitado por grupo de aprendices alguno, salvo la hospitalidad que le brindaran Tomas y Pablo, los únicos dos que se habían conservado en contacto y trabajado con Rubén a la distancia y en sus esporádicos encuentros. No contaré aquí la fragmentada historia de nuestro linaje, de los grupos y sus divisiones, solo señalaré que yo quede en contacto solo con Alejandro, quien también estaba ahora por su cuenta, fuera de La Disciplina. Y como trabajaba cerca de donde me encontraba viviendo, de vez en cuando nos juntábamos a platicar, muy de vez en cuando, por cierto. Y nos gustaba reírnos de los viejos tiempos recordando lo entupidos que habíamos sido dejándonos manipular hasta el cansancio por algunos “brujos” inescrupulosamente dados al cultivo de su importancia personal que disfrazaban de acecho e intento sus expectativas e incluso sus yerros. “Toltecas” que capitalizaban descaradamente la relación maestro-aprendiz hasta que mataron la gallina de los huevos de oro. Pero también nos gustaba recordar con Alejo el filo aventurero y alegre de los buenos viejos tiempos. De alguna manera ese era un cable a tierra, a esa insólita tierra de magia, alegría y rudos trabajos de ampliación de la conciencia.

Cuando llegué a casa de Tomas a Saludar a Rubén y Vivian nuestro encuentro transcurrió en la más alegre conversación y buena onda. A Vivian no la veía desde que salí de La Disciplina, haría ya unos 5 años atrás. Me pareció que estaba magnífica, igual de recia energéticamente hablando, pero del algún modo más dulce y liviana. Rubén estaba como siempre, resumaba energía y alegría alternando palabras de candorosa sabiduría y sus clásicos chacoteos que de tan humorísticos tenia fascinados a todos los comensales. Habló del vivir sin hacerse problemas, de lo pendejos que somos y como el Poder nos pone en nuestro lugar dándonos según nuestro merecimiento, habló de la impecabilidad como el arte del valemadrismo, y todo ello enlazado con actos en torno a sus concretos propósitos para este viaje, es decir, no daba puntaba sin hilo ni parecía perder un segundo a la vez que se movía sin ningún apuro.

Pues bien, como estaba organizado, al día siguiente, habíamos planificado la realización de un temascalazo en la hacienda de los Astaburuaga allá en Quinta de Tilcoco, a unas dos horas de Santiago. En la tarde partirían Rubén, Vivian, Jonatan y Jesús, llevados por Tomas y Pablo, y más en la nochecita después de salir de nuestros trabajos, Alejandro y yo nos iríamos a su encuentro. Nos juntamos a las 7.pm para partir desde la casa de mis padres, y para variar estábamos regalones pues mi papá nos prestó su auto. Después de unos arreglos iniciales nos encontrábamos camino hacia allá a la mera hora del embotellamiento cuando el trafico está en su pic. Pero nosotros íbamos despreocupados y alegremente conversando de lo ingenuas que son algunas personas, de lo ingratos que suelen ser los más jóvenes hoy en día y del futuro del país. De esto y algunas otras cosas, especialmente de mujeres y las delicias del sexo.

En eso se nos ocurrió tomar La Rueda del Tiempo, el libro de citas de CC, y preguntar que nos deparaba la noche, buscamos al azar entre las paginas y el augurio fue: “En un mundo donde la muerte es el cazador no hay tiempo para dudas ni lamentos. Sólo hay tiempo para decisiones. No importa cuales sean las decisiones. Nada puede ser más serio o menos serio que lo demás. En un mundo donde la muerte es el cazador no hay decisiones grandes o pequeñas. Sólo hay decisiones que un guerrero toma a la visa de su muerte inevitable”. Una cita muy bonita, que nos hizo sentir muy guerreros por un instante. Ya entusiasmados por la lectura decidimos preguntar cual era la actitud adecuada para tratar impecablemente esa noche con Rubén, el “emisario” del Espíritu, y la señal fue ahora el quinto principio del arte de acechar: “Cuando se enfrentan a una fuerza superior con la que no pueden lidiar, los guerreros se retiran por un momento. Dejan que sus pensamientos corran libremente. Se ocupan de otras cosas. Cualquier cosa puede servir”. Comentamos que esto podía implicar que no se veía venir tan fácil la cosa pues implicaba que “una fuerza superior” lidiaría con nosotros. Pero no nos preocupamos mucho, más bien en seguida seguimos cagándonos de la risa y tonteando mientras hablábamos de culos, tetas, rostros, manos y pies así como de nuestros criterios y preferencias respecto a la belleza femenina. Y en eso íbamos de lo mejor cuando de pronto la carretera nos dio el primer espolonazo. Veníamos desde comuna de Las Condes y habíamos tomado la autopista de Americo Vespucio, y ya llevábamos un buen trecho, aparentemente saliendo de la ciudad, cuando de pronto aparece un letrero que decía “Hacia Las Condes”. Alejandro que fue quien lo vio me lo comenta y yo digo: -No, no puede ser, si hemos andado derecho todo el rato, no nos desviamos así que es imposible-. En tono de broma acote que tendríamos que haber entrado en la segunda atención sin haberlo notado para que esto fuera posible. Aún incrédulos seguimos adelante un rato más y vimos una vez más claramente un enorme letrero que decía: “Derecho, hacia Las Condes y Vitacura”. En ese instante nos dimos cuenta de nuestra idotes, tendríamos que habernos salido de la autopista hace rato para tomar hacia la carretera, par de ignorantes al volante, lo que pasó fue que dimos un rodeo enorme en torno a la ciudad. Aún despistados y con cierta desazón por no saber que hacer, llego rápidamente la primera decisión de la noche, si seguíamos tendríamos que volver a empezar por que nos habríamos dado la completa vuelta a Santiago por Vespucio. De pronto vimos acercarse un letrero que decía: “Al centro, Alameda”, y decidimos doblar en esa dirección saliendo de la autopista aunque no sabíamos donde diablos estábamos parados. Habíamos perdido unos 50 minutos de viaje y estábamos atrasándonos producto de nuestra desatenta disposición, coincidimos en que éramos unos boludos. Y peor aún, no había seguridad de que siguiéramos perdiéndonos por que no sabíamos por donde seguir, y queríamos dar con la carretera panamericana. Más allá le preguntamos al pasar a un vendedor ambulante en un semáforo y nos dijo que no sabía de que carretera le hablábamos, pero que si seguíamos derecho llegaríamos hacia la Alameda y que por ahí dobláramos al llegar a la avenida tal, no me acuerdo ahora cual era. El caso es que con Alejandro teníamos pensado más bien doblar hacia la izquierda, y como no nos pareció muy certera la indicación tuvimos que cavilar, una vez más la decisión llegó a nosotros que ya a esas alturas ni nos acordábamos de los augurios, más bien la angustia de llegar atrasados y la desazón con nuestra tontera estaba empezando a cambiarnos el animo. Optamos por seguir hacia delante y llegamos efectivamente al centro de la ciudad a la altura de Alameda con Las Rejas, no se por que ciega motivación pensamos que la avenida que nos dijo el vendedor era una que teníamos de pronto enfrente pero sin ningún letrero, y decidimos impulsivamente doblar para no pasarnos de largo en caso de que si fuera. Error, luego de preguntar más allá nos dijeron que estábamos en la dirección equivocada, y que teníamos que regresar y seguir derecho aún bastante más allá. Así lo hicimos, íbamos por la izquierda en circunstancias que como descubrimos después, teníamos que haber ido por la derecha ya que íbamos en dirección oriente como luego nos percatamos, y estando ya listos buscamos ansiosamente con la mirada el bendito letrero que nos avisaría que arribábamos a la calle que desemboca hacia la carretera, pero lo que pasó fue que después de atravesar por arriba la carretera sin ver ningún letrero dedujimos que era esa que recién pasábamos. Una vez más nuestra decisión había sido incorrecta al no atrevernos a doblar a ciegas. No hay decisiones buenas o malas por cierto, pero si decisiones oportunas e inoportunas, y nosotros estábamos ya indecisos desentonados. Sin embargo habíamos llegado a Alameda, sabíamos ahora donde estábamos, había simplemente que dar la vuelta por la izquierda y regresar. Decidimos hacerlo, pero ahora solo aparecían calles en dirección contraria, y doblamos en la primera que pudimos. Inoportuna decisión resulto cuando nos descubrimos en un atolladero endemoniado producto de los múltiples buses que tapaban el camino, habíamos doblado en la calle de la terminal de buses.

A esa altura ya estábamos molestos con nosotros mismos, y angustiados por el atraso de más de una hora que llevábamos, cuando apareció de pronto un enorme bus y se nos cruzo delante quitándonos de cuajo la posibilidad de avanzar pues se creo una trampa en la que ningún auto podía avanzar en los cuatro frentes. En ese instante nos dimos cuenta del “edificio” que el espíritu había tejido para darnos nuestra lección. Ese bus mismo era el Espíritu dándonos en el hocico por babosos. Recordamos los augurios. La única salida era hacerse psíquicamente a un lado. Por un momento luchamos, no bastaba la mera conciencia por que sentíamos una persistente corriente sensorial de molestia. Pero luego reflexionamos y soltamos el deseo de llegar, soltamos la idea de que la magia ocurriría allá en el temascal, no, la magia estaba ocurriendo ahí mismo frente a nuestros ojos, El Espíritu nos decía que no éramos nada. Sólo criaturas que van a morir, y nos invitaba sutilmente a tomarlo en serio. Que no había decisiones buenas o malas ni tiempo para perder tiempo apurándose en llegar a parte alguna. Estábamos donde queríamos estar si tomábamos conciencia de esa silenciosa voz gritándonos con el escenario que nuestra péndeles había ayudado a construir. Tuvimos una aguda sensación de algo impersonal que efectivamente estaba “allá afuera”, y nos hablaba. Nos decía que uno no puede ir a un encuentro mágico en un estado de torpe desatención, complaciéndose en un dialogo que simplemente recreaba nuestros vicios. El mero viaje podía perfectamente costarnos la vida si en una mala jugada la suma de la desatención y un evento cualquiera nos hacia estrellarnos en el camino. La muerte no era una imposibilidad, muy por el contrario. Ahí mero nos agarro una alegría bullente, el Espíritu nos hablaba de frente, y sentirlo era refrescante. Lo comentamos y le dimos realidad a la sensación consensuandola con nuestras palabras y risotadas.

Logramos salirnos del entrampe después de entrar en un estado de tranquilo desapego, vibrando aún por la presencia de lo invisible, y ya una vez en la carretera apareció otra señal más, como si el Espíritu quisiera remachar el evento con algo que no dejase lugar a dudas de la lección habida. En esta ocasión la señal se dio a través de un gran letrero a un costado del camino que no tenía nada de extraordinario, pero que dada nuestra situación y nuestra conciencia de ese momento, adquiría enormes proporciones de significado. En el aparecía de pie sobre un fondo claro y de espaldas una bellísima mujer vestida solo con un delgadísimo calzón negro, y ostentando el trasero más carnoso y bien formado que parecía haber sobre la tierra, y junto a él aparecía con grandes letras negras: “¿Cuantas veces al día miras esto?”. Maravillados y risabundos nos carcajeamos de la innombrable sutileza con que el Poder nos daba la papa en la boca.

Ya estábamos en camino, habíamos perdido una hora y media o algo así, pero ya no nos preocupaba llegar a tiempo, que fuera lo que fuese no más, pensábamos. Alejandro comentó: -Bueno, ya siento que vamos fluyendo, y aprendimos nuestra lección, el Espíritu nos dejo pasar-. A lo que yo replique que en mi opinión el aprendizaje consistía en no dar por hecho que la prueba ya había pasado, a lo mejor este había sido el preámbulo que simplemente nos puso en la actitud adecuada para afrontar lo que se viniera y que de hecho la muerte seguía muy sentadota donde mismo, ahí, a la vuelta de la esquina. No terminado de decir esto surgió un fuerte olor a quemado, como de grasa y que venia al parecer de nuestro auto, nos miramos asustados temiendo que se hubiese fundido el motor, sin detenernos revisamos el auto, luego abrimos las ventanas y notamos que era un camión que estaba delante el que enviaba los gases, nos reímos animadamente y seguimos nuestro viaje ahora si con una atención galvanizada, digna de un aprendiz de guerrero.

Después llegamos al Temascal y vivimos lo que vivimos, fue bello y potente. Más de eso no hablaré, por que de lo que aquí se trata es de reflexionar en torno a Los Relatos de Poder sin Poder. De todas maneras considero que no hay poder más grande que la reflexión, que no es simplemente pensar o razonar, no, es soltar las propias certidumbres para mirar la propia circunstancia y verse así mismo en ella, así como mirar el lugar desde donde miramos nuestra circunstancia.

Para cerrar cito aquí un párrafo donde el Nagual CC dice que dijo Don JM lo siguiente:

Hay brujos que prefieren transformarse en guajolotes y de ahí no salen. Es más, muchos no tienen ni idea de que pueden hacer algo más con su energía que procurarse sensaciones fuertes y asustar a los demás”. Tal decadencia de la enseñanza es lo que ha movido a los videntes del linaje de don Juan a intentar la libertad del modo más impersonal posible, abandonando todas las posiciones caprichosas del punto de encaje que heredaron de sus ancestros. El propósito de la libertad es absolutamente limpio y desplaza a todos los demás. Al intentarlo, los nuevos videntes han restaurado la pureza del nagualismo."


Ignacio Muñoz Cristi

5 comentarios:

  1. Pia del Carmen says

    Gracias Nacho por recordar la "atención galvanizada" con el humor como compañero esencial...y por recordar a Ruben, su risa, sus palabras y su amor...
    Abrazo
    Pia


    Anónimo says

    Interesante su texto, sin embargo muy críptico. ¿A qué disciplina se refiere? ¿cuales son esos "brujos sin escrúpulos? ¿donde habitan?


    Jesus Carlos Castillejos says

    En verdad que puedes ir tejiendo un libro a base de relatos reflexivos...me has hecho reir y un servidor en general solo sonríe.
    En verdad la Neo-Toltequidad que nada tiene que ver con la -New Era -ya empieza a florecer y sus frutos son universales


    Ignacio Muñoz Cristi says

    Gracias por el interés, Pía y Carlitos.

    Anónimo; Uno de los grandes aciertos de los caminantes que me enseñaron algo de los pasos tradicionales para recorrer el sendero siempre nuevo e ignoto que cada quien traza, fue justamente el presentarme La Disciplina así mismo, sin apellidos. Y explicarme que todo lo que yo vivía habría de estar imbuido con ese espíritu, es decir, la Disciplina es todo. Y nada. No tengo interés en pregonar un supuesto origen prehispánico corroborable de ella, historias hay, y sobran la verdad. Ahora bien, sobre los brujos inescrupulosos; si yo especificara más sobre ellos, el inescrupuloso sería yo, y sólo repetiría el patrón. ¿No te parece?.


    Anónimo says

    Que bien està tu relato de poder sin poder..
    suerte.