Dialogando con los "Niños"



Aprovechando el recordatorio de Faustino sobre la última experiencia en la sierra de Oaxaca, quisiera contar y ofrecer, a manera de ofrenda y agradecimiento, el diálogo en el que me sumergí una noche con los “Niños”, tan sabios ellos. Claro, tuve que aprender otra manera de dialogar. Me quedé quietecita, esperando que llegaran, y mientras estaban en camino, les pedí que me hablaran un lenguaje familiar para mí. Son seres tan peculiares, tan diferentes a aquellos con los que comparto mi cotidianeidad, que todavía no logro entender del todo su lenguaje. Supongo que ellos tampoco comprenden el mío.

Lo cierto es que la magia logró que emergiera entre nosotros un mundo compartido en el cual vivencié y aprendí tantísimas cosas. Quiero suponer que para ellos fue también una experiencia nueva: finalmente me hablaron en un leguaje conocido para mí, pero que no sé si ellos conocen, y eso me dice mucho.

Hace ya un tiempo que ando sumergida en los terrenos de la astrología con verdadera pasión. No la Maya. Me falta mucho para terminar de familiarizarme con sus formas y con las formas de la Tradición que la creó. Pero eso no importa. Si los Niños fueron capaces de dialogar en lengua occidental, se me hace que finalmente cualquier lenguaje es útil para dar expresión a esas dimensiones.

Los Niños llegaron y de a poquito, moviéndose en mi cuerpo y yo percibiendo su movimiento (que es una forma de decir porque en realidad ellos y yo éramos una misma cosa) se fue dibujando una circunferencia con dos ejes en forma de cruz, e inmediatamente, yo que observaba, identifiqué un carta astral, así como la que podemos ver, impresa sobre una hoja de papel, bidimensional. Allí estaban las líneas que atravesando el plano representan las casas, y los simbolitos que representan cada uno de los planetas, ubicados en las distintas casas. Cuando uno observa una carta astral sobre papel, sólo ve un dibujo. De pronto emergió un eje de luz que atravesó el centro de la circunferencia y ésta comenzó a moverse convirtiéndose en una especie de rueda en la cual seguían existiendo las casas ahora como zonas o territorios y los planetas dando vueltas, girando alrededor de ese eje, a la manera en que está representado el sistema solar. La imagen era ahora tridimensional y ya no eran los simbolitos, sino las órbitas y los cuerpos planetarios los que representaban la carta astral. A esto se añadió que no había un solo sistema solar, sino una infinidad de sistemas solares que se cruzaban unos con otros en un vacío, y la tridimensionalidad se perdía dando paso a un mundo de múltiples dimensiones. Pero la imagen siguió expandiéndose y los planetas ya no fueron cuerpos y todas las formas se fueron perdiendo. Sólo podía percibir, ya no como imagen, sino como sensaciones, distintos tipos de vibraciones en movimiento, interactuando unas con otras. ¿Armónicos?

De una cosa estaba segura. Había pasado del mapa al territorio. Además, una expresión de la física cuántica que tantas veces había oído sin poder entender, de pronto se abría a la vivencia: “las fluctuaciones cuánticas en el falso vacío”. Qué tal. Y mi persona, tan separada de todo, en realidad era parte de ese enorme mar de energía desde el cual podía conectarse con la Vía Láctea.

Siempre me quejo del lenguaje de la cotidianeidad. Su linealidad me constriñe. Eso de tener que poner un sonido detrás del otro, o una letra detrás de la otra, es verdad que me permite organizar los mundos de las formas y comunicar de una manera rápida y económica; pero nunca puedo expresar en toda su enorme riqueza los otros mundos, aquellos que exploramos y creamos en diferentes dimensiones de la conciencia. ¡Qué lástima que no sea poeta!

1 comentarios:

  1. Faustino Ortega says

    Decía el anciano que "conciencia, vida y percepción van siempre juntas". Vaya usted a saber cómo se le hace. Buen camino, Silvucha.