Mamma Tungurahua y Taita Chimborazo I


En la mitad del mundo escuché hablar de historias de amor entre volcanes, con grandes similitudes a las leyendas del México ¿antiguo? entre Popocatepetl e Iztaccíhuatl. Resulta que por estos rumbos la Mama Tungurahua y el Taita Chimborazo también vivieron un tórrido romance que acabó en matrimonio, … “estas historias” pensé, ¿serán posibles?”…me viene a la mente el buen Silvio Rodríguez con su canto: “yo he preferido hablar de cosas imposibles… porque de lo posible se sabe demasiado…”

Vamos dejando espacio para lo imposible, nomás para ver qué pasa.
El peregrinaje estuvo medio VIP, al principio pasamos más tiempo arriba de los autobuses que en ceremonias… y comiendo, ¡a cada rato nos daban comida! “Pero si acabo de comer hace dos horas”… (al final la báscula registró 2 kilos de excedente, pero de eso ya me ocuparé), luego resulta que también fuimos un grupo exigente de sus “derechos”… las palabras del Maestro Domingo Díaz Porta en un correo, indicando que “aplica el nosotros y no el yo egoísta” me vienen a la mente a cada rato…y la parte más emocionante: “cada uno de nosotros no viene en forma personal, sino en representación de su familia, pueblo, ciudad, nación, tradición, religión o cultura”…eso está chido. No sé cómo hacerlo, tal vez me paso de solemne, pero esto me parece un gran compromiso y quiero “descubrir” como hacerlo “bien”…pero como dijo Jack El Destripador “vamos por partes”:

2 Muluc, 27 Tzub.

Iniciamos en Quito con una semi-ruptura del grupo que salió de México, 2 vértebras prefirieron tomar la “vía libre” y 2 quisimos incluirnos en el grupo mayor. Primera encrucijada y primera decisión, difícil y dolorosa…así se dio y así estuvo bien…más allá del cariño entrañable hacia el Hermano Mayor David, seguir los latidos del corazón es una obligación humana ineludible. Ahí en el aeropuerto conocimos a unos abuelitos mayas que van a acompañarnos durante el Qawchi Raymi.

3 Oc, 28 Tzub

En el primer día de peregrinaje “oficial”, estuvimos un rato en “lista de espera” ya que la organizadora no tenía información de nosotras y había que ver si había cupo en los autobuses. Entre tanto, nos encontramos a Carlos y a Pía, una amiga Chilena que conocimos en marzo y que realizó el Peregrinaje del Venado. Luego de un rato, nos confirman que ya estamos “adentro” y nos ubicamos en el “Bus 4”. Con un poco de retraso, nos vamos a las termas sanadoras de Papallacta, que estuvieron poca madre, y el entorno ni se diga, con una chulada de laguna donde se realizó la primera Ceremonia. Por la tarde/noche llegamos con las matronas Kichwas y dormimos en Puerto Misahuallí, a donde llegamos mucho después del horario previsto. Luego luego me di cuenta que esto sería una constante del peregrinaje, “estos peregrinos son un desmadre” pensé. Esa noche también recibí el primer aguijonazo evidente de la mente que se transforma en “deseo”: hay una invitación para una ceremonia de Medicina con Ayahuasca para la siguiente noche. Me viene la tentación, la ilusión de poder, la ilusión de “iluminación precoz”, saltarme todas las estaciones y llegar a mi evolución personal de “un solo golpe”, “¿y si estoy ante la gran oportunidad?”, “¿y si este es el momento que he esperado toda mi vida?” Unas palabras con el Hermano Mayor Carlos, una recapitulación por la noche y llega la calma a esta mente sobre ex-citada: “No vine a robar poder, no vine a tomar nada… vine a agradecer, a participar de un intento común, a ofrendar…el hecho de que haya no quiere decir que yo necesite agarrar”.
Estamos en la amazonia y el ambiente es lindo…¿y los Volcanes?...allá, en el horizonte…todavía no se ven, pero se sienten, hay algo más allá, se percibe…como que nos ven, como que nos están esperando.

4 Chuen, 1 Aak

Nos vamos a Puyo, casi todo el tiempo transcurrió arriba del autobús, el cual incluyó “show” poético-musical con unos compañeros/espejos medio sobreactuados que…sin comentarios. Hicimos una escala en un pueblo donde las autoridades organizaron una bienvenida y nos invitaron “chicha”, que al parecer es yuca fermentada con la saliva de las mujeres que la mastican y la escupen o algo así. La probé porque me dijeron que se consideraba una ofensa no tomarla, pero la verdad no me gustó. Por la noche nos separaron en 2 hoteles y decidí no regresar a la ceremonia con la Planta Sagrada. Me quedé en el hotel actualizándome con los resultados en el Mundial. A partir de este día, la hospitalidad del pueblo ecuatoriano y el calor de su gente empieza a destacar…a lo largo del peregrinaje fue algo sobresaliente, una energía bellísima y un corazón que invita a abrir el propio y aprender a compartirlo.

5 Eb, 2 Aak

Hoy se incorporaron al peregrinaje los Hermanos Mayores Kogis, de los cuales había escuchado en una oración que nos compartió Carlos…resulta que si existen, viven en la Sierra de Santa Martha, en Colombia y tienen una energía y una espiritualidad que se siente nomás de verlos. Por la mañana hubo una ceremonia y después del desayuno nos fuimos rumbo a Rio Verde, donde hay una cascadas preciosas…según nos platicaron y vi en unas postales…porque con tanto desmadre y tanto retraso ya no hubo tiempo de visitarlas. Alcanzamos a ver algunas desde arriba del autobús, pero de visitarlas y bañarnos ¡nada! Lo cual fue frustrante. Este día nos tocaba llegar a Baños de Agua Santa y tomar un baño de purificación en las termas volcánicas, pero como la Mama Tungurahua está en actividad, “en un proceso de purificación de la Madre Tierra”, los guardianes del lugar no permiten que las aguas sean tocadas por ninguna persona “mmm, de dónde sacarán estas cosas” pensé. Debido a esto, nos fuimos directamente a Riobamba, y al llegar a la zona del Volcán hicimos una escala para una ceremonia. Al bajarnos, una de las hermanas ecuatorianas, señalándome un montón de nubes, me dijo: “ahí está la Mama Tungurahua, está celosa y no se deja ver, hay que hablarle, pedirle permiso”. Me le quedé viendo y no supe que decir, no es que no le crea pero, ¿será? Acto seguido tuvo lugar uno de los momentos más significativos del peregrinaje, al menos para mí. Hicimos la ceremonia y cuando le tocó hablar al abuelo Kogi, lo hizo en su lengua, así que no tengo la menor idea de lo que dijo, lo que sí vi, es que las nubes se apartaron y la Mama Tungurahua quedó al descubierto, en todo su esplendor, lanzando fumarolas de bienvenida. Se me puso la “carne de gallina” y pensé: “creo que mejor le empiezo a poner atención a todos estos abuelitos, que están cabrones y además están aquí como un regalo y yo, por andar pendejeando, me estoy perdiendo de la fiesta”.

6 Ben, 3 Aak

Siguiendo las indicaciones del programa, me levanté a las 5:00 A.M. y una hora después ya estaba en el lobby del hotel lista para partir. La promesa de acercarnos a los Volcanes Sagrados me emociona. Contrario a la costumbre de este peregrinaje, salimos más o menos en tiempo rumbo a la Ceremonia en Guamote, lugar Sagrado de Kurichpacha. Me coloqué arriba de unas piedras para tener “buena vista”. No entendí muy bien la ceremonia, entre el folklore y la espiritualidad. Me decepcionó un poco que nos dijeron que realizaríamos una caminata de dificultad media alta, y yo me imaginaba escalando el Volcán… y luego resultó que nomás caminamos tantito. Al terminar nos fuimos al pueblito de Colta, donde hubo una ceremonia en lo alto de un Cerrito que empecé a subir muy segura, y a medio camino ya me andaba rajando -¿dónde está la que quería escalar el Volcán?-, estuvo cañón, fue subir, subir y subir durante poco más de una hora, me dolían las rodillas, me faltaba el aire y la mente se empezó a disparar. Saqué mi rosario y empecé a rezar y a rezar. Llegué arriba con dolor de cabeza y entré en el círculo ceremonial. Se empezaba a poner bueno cuando empezó a llover y me dio la impresión de que los coordinadores se apresuraron a concluir la ceremonia y todos salieron hechos la mocha para no mojarse, cosa que no creo que hayan podido evitar, porque todavía les faltaba bajar…me puse los zapatos, el impermeable y empecé el descenso, que obviamente fue más fácil, ya que incluyó algunos resbalones que me hicieron deslizarme y ahorrar pasos y tiempo. El viaje de regreso al hotel se me hizo larguísimo, ya que incluyó esperas de peregrinos perdidos –que resultó que se fueron en otro autobús y los cabrones no avisaron-, me dolía la cabeza y me sentía mareada, me comí unas tortitas de yuca que estaban deliciosas y luego me dieron ganas de vomitar. Llegué al hotel media moribunda y me subí en chinga a la habitación, donde vomité y me acosté un rato, sintiendo que el mundo daba vueltas y vueltas. Me quedé dormida y la imagen de la Mama Tungurahua se me viene encima una y otra vez: “así o quieres más para que se te quite lo pendeja”. Después de un rato, me bañé y salí a dar una vuelta. Intento asimilar la experiencia…siento como que me arrolló un tren y estoy toda madreada. La vista del Taita Chimborazo y de la Mama Tungurahua es espectacular: “está bien pues…creo que ya entendí, les pido perdón y permiso para empezar de nuevo”.

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