La protección de las raíces



Ziley Mora Penroz. Anales Mapuches de Otoño y Primavera.


Las raíces de las plantas descienden y cuanto más abajo van, más humedad se encuentran. Esto está acorde con las leyes de la naturaleza, y es una de las evidencias de la sabiduría Füta Chaw, el Gran Poder el Poder Supremo. Las plantas son enviadas por Füta Chaw y surgen del suelo por mandato de él, de modo que las partes que han de ser tocadas por el sol y la lluvia aparecen por sobre el suelo, y las raíces pujan hacia abajo para hallar la humedad que les es proveída.


Tronco y ramas creciendo hacia el sol, raíces y semillas pujando hacia la humedad. La planta, entonces, hace dos trabajos, tiene dos tareas eternas: subir y profundizar al mismo tiempo. Por eso los antiguos, a los árboles más grandes, a los lawales (alerces) y pewenes (araucarias) los llamaban pelwenu, “gargantas”, “pasadizos del cielo”; ellos comunican con los dos mundos, muestran lo que pasa arriba y lo que pasa abajo.


Antes había gente sabia que aprendía a leer en sus cortezas lo que los poderes ocultos querían decirnos. Y si las plantas jamás se quedan en la superficie, sino que crecen hacia arriba y hacia abajo, ¿qué queda entonces para nosotros los hombres? Pues, hacer lo mismo que los árboles: crecer hacia el sol, elevarnos hacia el Gran Poder que nos sembró aquí, y profundizar hasta lo más hondo, buscando esa fértil humedad de las raíces, que es la generosidad de nuestro espíritu. Para un hombre, ver un árbol es una interrogación, un reto, un llamado. Sin árboles nos quedaríamos sin mensajes… y eso sería muy desgraciado para los niños que tienen que aprender a ser hombres. Un hombre que nunca llega a la humedad, a las raíces de su ser, nunca va a saborear la grandeza de su verdadero Sol. Entonces, sin esa firmeza que le daría la raíz del espíritu único, cualquier sol chico, cualquier calentura de media tarde lo va a secar de cuajo.

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