Las Pruebas del Espíritu


Hacía tiempo él ya había entendido que siempre podía confiar en la naturaleza dinámica del vivir, en la naturaleza fluida del mundo, confiar en que este se constituía como cúmulos de configuraciones de sentires generando realidades y no “una” realidad. Por ende entendía que cuando el dolor, cuando el temor, cuando el caos arribaban, en algún momento desaparecerían si no se apegaba a ellos viviéndolos como algo que existe en si, independiente de si mismo. Pero esa tarde al ocaso, su circunstancia lo abrumó, una pesada y honda tristeza lo trago completo, tan completamente que llego a dudar en su sentir de su propio entendimiento, y su experiencia fue la de sentir que quizás no podría con esa tristeza, que esta vez permanecería en ella hiciera lo que hiciera, al menos el tiempo suficiente como para desarmonizar su mundo cometiendo negligencia tras negligencia. Se quebró, lloró y su llanto fue amargo. Pero se levanto y fue a la fogata en el jardín, reavivó las brasas y se puso a conversar con el abuelo fuego. Pero la tristeza continuó aún sintiéndose plenamente conectado con el abuelo, y esto, solo hizo que se hiciese aún más sólida la percepción de su doliente realidad. En silencio, bañando por la luz del plenilunio y el suave tintinear de las brasas al rojo, se durmió. Fue un sueño sin sueños, pesado, total. Cuando despertó se sentía liviano, recuperado. Tan en otra parte despertó que casi no acreditaba haber podido vivir lo que vivió, “¿Cómo pude dudar de lo indudable? Todo pasa siempre pasa, inatrapable el flujo del instante es”. Pensó para si que ahora había ya completado el aprendizaje; Tan móvil todo es que ni siquiera la realidad de la sabiduría se conserva fija. En este mundo vivimos todo lo que vivimos como si fuese una realidad incuestionable, una realidad sólo cuestionable a posteriori. Tan esto es así que incluso puede este entendimiento y su vivencia en un momento dado vivirse como algo equivocado, sólo otra cosa en condición a disolverse. Sintió alivio y un cierto orgullo de haber pasado la prueba. Sin embargo tuvo un momento de lucidez y entendió lo enajenado de aquello, si lo entendido era cierto, no había forma de dar por acabado el aprendizaje, perfectamente podía estar, incluso en ese mismo instante, en lo cierto o completamente equivocado, y sin embargo el hecho de que viviría como real lo que sea que viviera: tristeza, alegría, ilusión, percepción, era un hecho del vivir que andaría al asecho probablemente siempre. Respiro profundamente, y entendió que eso era justamente lo único que podía y debía seguir haciendo, respirar. Esto lo llevaría a un nuevo modo de conservar lo inconservable. que no sabrás más de lo lleno y lo vació. Sin certidumbres, sin temor al temor, esto es peregrinar.

2 comentarios:

  1. Jesus Carlos Castillejos says

    El que afirma que llega no ha llegado
    El que afirma que se queda no se ha quedado...
    El que afirma que terminò...
    El que afirma que empezó...
    Decir camino es decir infinito...
    Decir infinito es decir instante...
    ¿Nos atreveremos algùn día a vivir inéditos?


    El toque de la Musa says

    Eso mero.. y esa mera es la cuestión de la cuestión. Vivir y convivir ineditos y aún a la manera de viejos papiros palimpsestos abiertos al infinito, esto es, como pergaminos sobre los cuales se ha escrito y se escribirá más de una vez.
    Fuerte abrazo Carliots, siempre es un gusto dar vueltas en la palabra compartiendo con usted Poeta-Nagual