El mundo es un círculo



Por Elicura Chihuailaf –Poeta Mapuche- Recado confidencial a los chilenos.

El mundo es un círculo, una globalidad, un cuerpo vivo con una columna vertebral que la mueve: los seres humanos reconociéndose en la profundidad de la naturaleza. Cada lugar único, pero con un resollar, un rumor repetible que podemos sin duda reconocer en cualquier lugar de la tierra en que nos encontremos…,si es que hemos aprendido a escuchar la inmensidad del Silencio, dice nuestra gente.

Cada territorio, cada Tierra, es una vertebra con una función especifica que cumplir en dicha totalidad; libre pero a la vez relacionada indisolublemente con las demás. Es la “ley” que se debe cumplir para que continúe el equilibrio, para que exista un desarrollo armonioso de la vida en la Az Mapu (con su positivo y negativo)

Y es uno solo el Dueño del espíritu del aire, por eso ninguno de nosotros puede poseerlo, dicen nuestros mayores. Ese “aire azul a veces y gris también a veces. El que compraste piensas tú como quien compra el techo con la casa”, como lo escribe el poeta cubano Nicolás Guillén.

La gente de las ciudades, me dice la memoria de mi gente, considera que el Silencio está solamente en el ensueño de la montaña o en el rielar de los lagos o en el planeo de un pájaro sobre la cimbreante copa de los árboles. ¿No comprenden aún que la metáfora de la montaña, de los lagos, de los pájaros, de los árboles, está en el universo infinito y celeste que también los habita?

Vengan, dicen. Pero caminen antes hacia la cima, la sima de sus Almas. Allí la energía de la dualidad les mostrará el Espíritu Azul de la naturaleza. Tal vez comprendan, dicen, que el Poder más difícil es el que debemos establecer en la vasta superficie de nuestro mundo interior: la medida de lo que podemos ejercer en la tierra que pisamos, en el mundo exterior. Y tal vez comprendan, dicen, porque no hay orgullo ni vergüenza en las aves sostenidas por sus vuelos. La DIGNIDAD del vuelo. Cada cual retozando en el aire que le toca, con entereza recogiendo únicamente lo necesario para vivir. Por todas las tierras suspendidas junto a sus cantos y al rocío, al Pensamiento que en madrugada cae sobre las flores fluyendo desde lo que aún no tiene nombre.

¿Puede existir entonces orgullo o vergüenza en el misterio de vivir? ¿No es acaso la cultura –la civilización- de la vida, su dignidad, lo que compartimos o debiésemos en definitiva compartir con todos los habitantes del universo?, dicen nuestras abuelas y nuestros abuelos.

Otra vez la Palabra en la construcción de lo nombrado, y proyectando también los despojos de un cuerpo que será nuevamente tierra –verdor-, fuego, agua, aire. El impulso constante de la Palabra intentando asir lo hasta ahora innombrado.

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