Yurianaka Virikuta


Edén donde habita el Príncipe que se ofrenda, que se entrega, que juega a que se esconde, a que se deja cazar... Sólo quiero agradecerte por todo tu calor, por tu frío, por tu Canto, por tus reflejos.

El Peregrinaje empezó con varios goles de ventaja para el Ego, que por supuesto se incluyó en la alineación sin yo darme cuenta. Mi Copal tenía un peso record de 8 kilos del cual me sentí muy orgullosa, ya que estaba convencida de que no me haría falta nada. La referencia del Peregrinaje 2009 me parecía suficiente para vivir una experiencia única (ordenada cronológicamente).

El Camino inicia rompiendo de un solo martillazo el esquema de control tan cuidadosamente preparado, el Ego desnudo, sin un lugar donde esconderse, empieza a tirar patadas, mordidas y alguna que otra mentada, lo cual dicho sea de paso, no era para menos. Este Mañas-Ñero resultó que no era tan buena persona como yo había creído.

Las primeras etapas van de un extremo a otro en donde la alegría y el agradecimiento se transforman por momentos en desconcierto: mi mente no alcanza a comprender cómo es posible que caminen juntos tantas incongruencias, como Caín y Abel. Caigo una y otra vez en los laberintos de la Loca de la Casa que mira y rechaza todo lo que no está dentro de los estándares pre-establecidos del "bien y el mal". No escapan a los juicios aquéllos que cuando están lejos del Abuelo Árbol, exigen que se abra el círculo para que "todos nos calentemos" y luego, cuando están adelante, ni voltean ni les interesa que los de atrás sientan frío... o aquéllos que en algún momento comparten su único pedazo de tortilla con el vecino y más adelante se sirven dos o tres veces sin pensar que hay compañeros que todavía no han comido. Es el Ego una y otra vez en un juego de poder que por momentos cansa y aburre. Cuán repetitiva puedo ser... y en este juego de espejos, el Desierto parece divertirse y juega también a dejarnos caminar, a dejarnos ofrendar... parece que le gusta y nos recibe. Adán sigue saliendo para todos y Eva por momentos lo cubre jugando a hacer el Amor. Al final, después de todo, no somos tan distintos, al final resulta que no somos setenta y tantos, al final cada uno se recuerda como una gota de agua que contiene todo el sabor del Océano y que unida a las demás gotas lo conforman y lo contienen... ¿o es al revés?

El Maguito, Guardián de este Edén canta en los oídos para despertar el Corazón, mientras suenan los Latidos. La velación es natural cuando estás despierto.
Mi Sangre Mestiza agradece este Intento Común, donde caminan juntos la Tradición y la Razón, no somos Huicholes y no somos Templarios... y al mismo tiempo sí lo somos... ¿qué más da? Si el Señor de la Casa puede entrar en los Corazones sin preguntar nuestro Pedigrí, ni pide Certificado de Pureza Racial. Y mientras, seguimos jugando a que vamos regresando a Casa... como si alguna vez hubiéramos salido de Ella.

En la Vecindad, el recuento de los daños no está tan peor: un Ego medio madreado -como si le hubiera pasado por encima un Conocimiento de más de 140 pies, que de paso le bailó un zapateado-, un Rezo que se fue re-encontrando paso a paso y un canto que nace y se re-cuerda en cada Latido. Sólo queda agradecer al Mañas-Ñero por mostrarse en esta Humanidad-Espiritualidad tan natural, porque sólo puede amarse lo que se conoce, si no, es en-amora-miento, porque en esos espejos puedo re-conocerme y amarme más.

Maíz Pinto

Coatzacoalcos, Veracruz, México, a 13 I'k 17 Pek (Sàbado 10 de Abril de 2010)

4 comentarios:

  1. Jesus Carlos Castillejos says

    El ego puede ser como un juego de LEGO...algo que se construye con mucha imaginación...pero hasta los niños saben que ese edificio, ese auto, ese "transformer", esa arma, esa estructura, se va a caer...
    y todo está bien cuando se sigue jugando sin querer permanecer eternamente y descubrimos lo que es fluir con los cambios sin aferrarnos a ningún personaje, a nínguna identidad biológica, social o espiritual...solo entonces y hasta entonces empezaremos a degustar el sabor de la Libertad.
    Un abrazo y gracias.


    javier el largo says

    El ego, ese personal castillo de naipes al que cualquiera se aferra por deporte, sale tan camplante del Ojo de Agua y de lo que queda de él llegando al Vernalejo, da buena cuenta el Mañasñero.


    Anónimo says

    Saludos maizito pintito


    Julio says

    Saludos maizito pintito