Camino con corazón



Vamos caminando en medio del desierto, no podría asegurar si llevamos un rumbo o caminamos solo por caminar.

Aunque vamos juntos siento que cada uno camina su propio camino, siento que no puedo ayudar a otros pero sobre todo siento que no puedo pedir ayuda a nadie, mi camino lo tengo que recorrer solo para encontrarme conmigo mismo.

Siento que los preparativos no fueron suficientes para enfrentar este reto que se presenta mucho más difícil que cualquiera otro que hubiera recorrido.

Acaso se trata de una batalla, pero si así fuera, ¿quién es el enemigo?, ¿cómo enfrentarlo?

A cada paso el camino me enseña mis debilidades, me desnuda en mi importancia personal y me hace ver que falta mucho para descubrir quién soy.

No entiendo por qué ahora no puedo caminar con fluidez, como en cualquier batalla, hay vencedores y vencidos y ahora me doy cuenta que el que se está venciendo soy yo, pero me estoy venciendo por nada, soy yo el que no tiene la voluntad para seguir y sigo sin entender nada.

Trato de encontrar respuestas en mis razonamientos, pero no hay respuestas, ninguna experiencia anterior me había preparado para lo que estoy viviendo.

La respuesta tal vez está en otra parte, tal vez en el desierto, tal vez en el sol o el aire, tal vez en el propio camino; intento encontrar respuestas fuera de mí pero nada me explica lo que está sucediendo.

Recuerdo que alguna vez me dijeron que este camino es el “Camino con Corazón”, que para encontrar la felicidad hay que ofrendar el corazón aún a riesgo de salir lastimado.

Tal vez ahí está la respuesta, intento platicar con mi corazón y obtengo respuestas: “¿por qué hasta ahora te acuerdas de mí? ¿ya no te acuerdas lo que me has ignorado? ¿ya no recuerdas lo que me has lastimado? ¿no recuerdas lo que has hecho sufrir a otros?”

“Siempre intentando quedar bien con alguien, siempre queriendo ser infalible, siempre queriendo cumplir con otros haciendo a un lado tus principios y necesidades.”

Siento en mi cuerpo la adrenalina por las guerras del pasado, las guerras floridas, guerras para invadir territorios, veo muerte y destrucción pero sobre todo veo mucha sangre, casas incendiadas y saqueos para cobrar botines de guerra.

El diálogo continúa, se van enumerando las experiencias donde he ignorado a mi corazón. Mi corazón reclama ser atendido.

Cada paso es una oportunidad para que mi corazón recuerde experiencias dolorosas pero también es una oportunidad para ir limpiando el dolor que estas experiencias han dejado.

El camino parece interminable, los descansos no son suficientes para recuperar energía, el diálogo con mi corazón sube de tono y los reclamos me derrumban mientras continuamos caminando.

Llegamos a un lugar donde a lo lejos escucho que nos ofrecen aguamiel, el agua bendita de las plantas del desierto, la bebida que mis antepasados aprendieron a cultivar para beberla como parte de sus ceremonias, estoy seguro que esa bebida puede ser mi medicina.

Apenas puedo caminar pero llego hasta donde recibo el aguamiel que me parece milagroso, apenas empiezo a beberlo también empieza el proceso de curación, mi cuerpo transpira de manera extraña, caen gotas de sudor de la parte izquierda de mi cuerpo y siento que a través de ese sudor voy expulsando el dolor de mi corazón.

Mientras seguimos caminando, el campo de batalla está en mi cuerpo, por un lado mi corazón reclama ser atendido pero por otro lado se ofrenda para soportar el esfuerzo realizado.

Durante los siguientes días tengo oportunidad de continuar el diálogo con mi corazón, el peregrinaje ahora se vuelve el “Camino con Corazón”.

Empiezo a entender que la tradición de los antiguos mexicanos es una tradición que está viva y que todos formamos parte de ella. Que las leyendas se recrean a cada instante y que la energía que fluye dentro de nosotros es la base que soporta el proceso de sanación que estamos viviendo. Bendigo a mis hermanos que en el Conocimiento comparten su energía y sostienen el intento del peregrinaje.

Sigo escuchando tambores de guerra, pienso que voy a enfrentar una batalla pero ¿contra quienes? ¿cuál es el motivo?

Alguien habla de los ancestros, pero ¿quiénes son? ¿cómo se habla con ellos? ¿por qué podría haber una guerra? Tal vez están molestos porque vamos a despertarlos de su descanso eterno, tal vez también ellos se sienten lastimados por tantos años de olvido en que los hemos relegado.

En esta leyenda que se recrea a cada paso camino delante de una abuela maravillosa que me comparte un sueño y como a su nieto me lo explica con todo detalle. Me habla de cómo los hombres de conocimiento utilizan el muvieri para destrabar energías y logran que la energía pase a través de sus cuerpos sin retenerla.

Llegamos a Wirikuta, la energía cambia y empieza a transformar mis pensamientos, sigo pensando que voy a enfrentar una batalla pero recuerdo mis primeras enseñanzas en el camino de la tradición.

Recuerdo frases de la oración del guerrero:
“Ya no tengo temor a nada para así poder acordarme de mí”
“No me agarro ya de nada para así no tener nada que defender”

Imagino que para que haya una pelea se requiere de al menos dos y no estoy dispuesto a ser uno de ellos.

No tengo temor a nada…No tengo nada que defender…

Si alguien quiere pelear va a tener que buscar a alguien más porque yo no tengo necesidad de enfrentarme con nadie.

Por primera vez me invitan a participar en la cacería del venado, nuevamente mi importancia personal se pone a prueba porque no soy capaz de encontrar el hikuri, imagino que para cazar al venadito azul tengo que sintonizarme con su energía, realizo algunos cantos y empiezo a sentir una energía diferente en mi cuerpo.

Por fin encuentro un hikuri pero nos faltan varios más para terminar la cacería, cuando nos falta el último localizamos al más bonito de todos, está floreando y tiene un compañero pero también está protegido, lo rodean algunos cactus que llamamos “perros” y otros más llenos de espinas.

Siento una ansiedad muy grande y no me importa llenarme de espinas, tampoco me asusta que al rascar en la tierra salen algunos animales como escarabajos. Me siento como un niño que tiene que demostrar su mayoría de edad al lograr la cacería.

La ceremonia ahora es diferente, el marakame sale a cumplir algunos compromisos y estamos solos, busco un lugar apartado para realizar mi trabajo. Encuentro un huizache con las ramas llenas de espinas, imagino que ese lugar me permite protegerme en caso de que aparezcan los enemigos.

Una vez en el viaje se presentan energías muy densas, las reto a que atraviesen mi protección de ramas con espinas y a cambio me invitan a seguirlas pero no estoy dispuesto a hacerlo. Quiero mostrarles lo que soy capaz de hacer, recuerdo mis pensamientos del último día y decido dejar fluir la energía a través de mi cuerpo.

Recuerdo las constelaciones mayas que nos enseñan a estabilizar nuestra energía y a surfear en las emociones. El viento en el desierto es constante y lo escucho como si se tratara de olas en el mar y se presenta la oportunidad de surfear en esas olas.

Sin darme cuenta cómo empezó todo, imagino estar fluyendo en el mar de la energía y surfeando en mis emociones. Aquellas energías no saben como atraparme, tengo la velocidad del viento, la visión del águila, la agilidad del jaguar y soy tan imprevisible como el venado.

Gracias a mis hermanos que en el Conocimiento ofrendaron su corazón y con su amor me invadieron hasta llevarme al llanto.

Gracias marakame por tejer en el mar de la energía y destrabar los bloqueos.

Venadito Azul que andas por Wirikuta,
ven con nosotros ven a caminar,
vamos por el monte vamos a jugar…

1 comentarios:

  1. Faustino Ortega says

    "El amor es un camino
    que se recorre hasta el fin..."
    Las mismas emociones que hay en el principio, se encuentran en el sendero...hasta que cantas, carnalito.
    buen camino.