Sacerdote de las Palabras. Maya Kiché


Entrevista, por Gabriel Torres Chalk

El primer libro, el Popol Vuh, es un libro pintado, de «rostro oculto para el que ve, para el pensador». Entonces vino la palabra. Con la palabra, la memoria. Con la memoria las ramas de los árboles ya pueden tocar el cielo. La tierra y el agua se conjugan en la voz de Humberto Ak’abal para moldear la magia detrás del acto cotidiano. El gorjeo de un pájaro, el sonido de un arroyo, la mirada de un niño. La naturaleza habla y el poeta canaliza y transmite sus mensajes a través de la palabra poética. Es un amplio amanecer en Momostenango, donde el poeta nació en 1952. Se alza el sol sobre la niebla y comienza a dibujar las colinas dejando la noche detrás, debajo. Es el alba. Habla Humberto Ak’abal, tejedor de palabras.


¿Podríamos considerar que la poesía es intemporal y que nos devuelve al principio de todas las cosas? ¿Es la poesía un canto universal?

Así es. La poesía nos remite al inicio del tiempo y, sin duda alguna, la poesía es un canto universal, no es patrimonio de una cultura, ni de una lengua, en particular. Lo particular, en todo caso, es la cosmovisión de cada cultura. En el caso nuestro tenemos claro que tan importante fue la palabra para nuestros Creadores que, entre otras Deidades, nos dejaron al Dios-dual de la palabra Jun Batz y Jun Chowen, y esto ocurrió cuando fue puesto el sol para que comenzara a marcar la vida.

¿Podemos considerar que la palabra poética ayuda a «ver» detrás y dentro de las cosas, como expresa el Popol Wuj?

Es asombrosa esta idea inscrita en el Popol Wuj, poder ver a través de las piedras, de los árboles, del agua…, los mismos Dioses-Creadores se asustaron por haber dado tanto privilegio a nuestras primeras madres, nuestros primeros padres, de allí que les empañaron la vista y les dejaron una visión corta. La clarividencia quedó reservada para el ejercicio ritual-espiritual, simbolizado en el Pisom Q’aq’al que fue entregado por nuestros primeros padres a nuestros abuelos en el cerro Jaqawitz, ese Envoltorio Sagrado contenía el poder para ver detrás, dentro y a través de las cosas, por lo que ya sólo fue un privilegio para los que estuvieren llamados a cargar los signos de los tiempos, en otras palabras los Sacerdotes rituales que serían los encargados de las ceremonias espirituales y los Sacerdotes de la palabra que serían los cantores o poetas. Así que, si la poesía es un rito espiritual, es claro que nos ayuda a ver dentro y detrás de las cosas.


Tradicionalmente el concepto de libro es un objeto de arte que contiene un misterio y una magia original. Este concepto parece que se mantiene fuerte en las sociedades de la información, en la era digital. ¿Consideras que el libro seguirá este camino?

En esta época de rapidez, pareciera que el libro va camino a desaparecer, porque internet ha traído información inmediata y condensada, sin embargo, puede uno estar medianamente informado, pero esa información rápida no lo hace a uno culto, por eso creo que el libro no puede ser sustituido, se podrá prescindir de él pero no sustituirse. No me cabe en la cabeza la idea de que desaparezca, por lo menos creo que no voy a ver ese fenómeno, el libro es un objeto mágico, solo el contacto con ese «algo» en nuestras manos ya transmite una sensación, una comunicación, una comunión.

En los tapices de las culturas antiguas como en las andinas o en la Maya por ejemplo, se transmiten mensajes profundos, y ancestrales. Existe una intensa relación entre el tapiz y la poesía: ¿El poeta como tejedor de palabras y el tejedor o tejedora como Vate o transmisor de conocimiento?

Nosotros decimos que los tejidos son los cantos de las manos y los cantores los tejedores de la lengua. En maya-k’iche’ no tenemos la palabra poeta, decimos «ajbix», que traducido es ‘el cantor’, y estos dos oficios cada uno a su manera transmiten conocimientos. Quiero traer a colación otro pasaje del Popol Wuj, cuando se pretendió entrampar a los de Tojil, provocándolos con dos muchachas desnudas, los Dioses no cayeron en la trampa, y les enviaron a sus provocadores tres mantas pintadas, una con jaguares, otra con águilas y otra con avispas. Los papás de las jóvenes, creyendo que habían seducido a los Dioses, se taparon con esas mantas, y el que se tapó con la manta pintada de avispas tuvo una sorpresa desagradable, éstas cobraron vida y les picaron provocándoles sufrimientos. Aún en nuestros días no se tejen avispas o abejas en nuestros tejidos, particularmente en los güipiles de las mujeres. Esto remite a uno de los mitos de nuestro Popol Wuj.


Hay escritores y poetas «visionarios» que transmiten la idea de que lo complejo se encuentra debajo de lo sencillo, como William Blake. En la poesía late su revelación. ¿Podemos considerar que el lector o el oyente puede descubrirse al adentrarse en el acto poético?

En mi experiencia como lector, muchas veces me he descubierto en un verso, o un poema de algún poeta que me ha quemado el alma. Por eso creo que la poesía tiene ese poder.


¿Leemos el mundo o es el mundo el que nos lee a nosotros? ¿Descubrimos el mundo o es el mundo el que nos descubre?

Yo creo que el mundo se da a descubrir, de allí el papel del poeta: darle forma hablada o escrita a esas manifestaciones que muchas veces son sutiles pero que hablan con voz de trueno. El mundo me asombra constantemente: no se repiten los atardeceres, el canto de los manantiales cambia de acuerdo a la estación, el viento tiene un silbido distinto cada mañana; por eso me inclino a creer que uno descubre el mundo.


¿Esta idea se encuentra conectada con tus versos «Los poetas son los Sacerdotes de la palabra»?

Necesariamente me remito a mis raíces: la poesía va unida al ejercicio espiritual, nuestros poetas son chamanes, los chamanes son poetas; las oraciones que se hacen en los altares ceremoniales son verdaderas piezas poéticas. De allí que, el poeta, aunque independiente de los rituales, llama a la existencia lo que canta o lo que nombra, en el sentido del asombro: todo nace, y el acto de escribirlo es una ceremonia en la que efectivamente el poeta es un Sacerdote de la palabra.


Y una reflexión final sobre los versos pertenecientes al poema ‘Vuelo’: «Soy pájaro: / mis vuelos son / dentro de mí».

Este textito resume una época difícil que me tocó vivir, mi niñez y adolescencia estuvo marcada por la discriminación y el racismo. También por el periodo del conflicto armado interno que limitó nuestro radio de desplazamiento. El recurso que tuve a mano fue la posibilidad de hacer viajes interiores. Transformarme en pájaro para ver desde las alturas los caminos ya recorridos, esta idea de volverse pájaro tiene su punto de partida en ese principio mágico del que nos hablaban los ancianos: hacer un ejercicio espiritual para elevarse por encima de los dolores, de las penas, de los sufrimientos, porque, si uno quiere volar debe dejar sus cargas en el suelo. Y en un sentido más esotérico y cultural, esto parte de la idea que tenemos del desdoblamiento, que en nuestra lengua se conoce como «Win», es un ejercicio ritual espiritual, en el que uno se transforma en un animal o un pájaro para acercarse a otra persona o meterse dentro de uno mismo. Es una manera de explicar el poder de la mente. El manejo de las energías.




Flor amarilla de los sepulcros

Kauil

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