Los cuidadores del mundo


Por el Conocimiento de los ciclos del tiempo los deberes humanos de reciprocidad con la naturaleza dan a luz el arte de ofrendar.

Ofrendar como un reconocimiento, como un verse en el espejo; porque todo aquello en lo que usted ofrenda una atención relajada, se abrillanta.

El intento comunitario es sostenido cuando el tono del servicio incondicional arraiga en el corazón de la humanidad. El intento comunitario es un rezo, una palabra, un canto que entona el corazón sin distracción. Es como si el corazón hubiera incinerado a todos los ídolos y la fidelidad a su llamado no se pierde ni cuando el cuerpo duerme. El intento comunitario es la “palanca que mueve el mundo”. El intento comunitario son acciones que brotan de la simplicidad, de la fertilidad natural del cosmos en la gran mar de energía ancestral y tiene como expresiones: la regeneración de la tierra, la fluidez del agua, la madurez del fuego al compartir los frutos, el vuelo de la semilla en el aliento, la energía vital que teje buenas relaciones. Estos son los cargos del tiempo. Cargos ecológicos, cargos de transición, cargos para el reordenamiento del mundo. Estas son las velas, las flechas, las jícaras, los ojos de la visión, el espejo, los bastones de oración. Estos son compromisos naturales para el decrecimiento en el gasto de energía. Compromisos para aumentar el producto interno medido en felicidad de la población, medido en simplicidad, respeto e inspiración.

Desde ahí sirven los cuidadores del mundo. Cuidan el mundo aquellos que recordaron el flujo inagotable de la energía y el tejido de reciprocidad entre lo que llamamos mundo visible e invisible. Desde ahí surgen proyectos que guían hacia la simplicidad. Cuando las aguas turbulentas de la mente se asientan el lago transparente de la Conciencia aclara su mensaje.

El cuidador del mundo se incluye cotidianamente a la danza del cosmos en su cantón individual y en determinadas fechas convoca al cantón colectivo, cuando la danza de los gigantes planetarios y las estrellas que marcan el ritmo de la evolución así lo indican.

El mundo invisible es descrito por la ley del tiempo en lo que llamamos otoño e invierno. El mundo visible es descrito por la ley del tiempo en lo que llamamos primavera y verano. Celebrar entonces colectivamente las transformaciones estacionales de la energía es natural.

El equinoccio de primavera la tierra removida.
El equinoccio de otoño la tierra cosechada.
El solsticio de verano la celebración de la lluvia.
El solsticio de invierno la tierra ensoñando el retorno de la luz.

A mitad de las estaciones donde ese cuadrado se vuelve cubo los llamados pasos cenitales de mayo –del 15 al 19- y julio –del 25 al 29- marcan las ofrendas en las montañas a las energías encargadas de la fertilidad. La fiesta del sol. El corazón de la montaña donde se guarda el maíz, el trueno que abre la montaña.

El 19 de noviembre la fiesta de los ancestros tiene ahora una referencia astronómica para que se encienda el fuego alineado con las pléyades.
En febrero se despierta el fuego de la tierra, una vela, una quema de los disfraces y máscaras que abonan la parcela.

Las tareas y oficios las explica el tiempo en su lenguaje de imágenes. Las imágenes son las ofrendas de juegos en el espejo con lo que se dialoga en el ecosistema sagrado.

Si bien todas las ofrendas pueden ser reducidas a manifestaciones de la luz, el juego recreativo de la vida nos incluye, nos invita a ser un brote de inspiración, de palabra, de cantos, de danza, de colores.

Viajar, aprender, danzar con el flujo de la enseñanza del tiempo es natural, es un deber humano la reciprocidad a todas las formas de vida. Ocho son las celebraciones del año –cuatro estaciones y cuatro puntos intermedios-. Trece son las constelaciones alumbradas por el sol y reflejadas por la luna. Veinte son los naguales en los que fluye la energía de las transformaciones. El mapa de la ley del tiempo invita a su recorrido vivencial. Cada vivencia una simultaneidad infinita.

El mundo visible y el mundo invisible incluidos de manera inseparable se encuentran en la Conciencia. El mundo visible e invisible es como un espejo horadado por donde transita lo infinito. El cuidador del mundo entre lo visible e invisible es un espejo horadado por donde transita lo infinito.


Jesús Carlos Castillejos V.
En la Aldea de los Venados a 2 Pek 11 Manik (correlación Calderón) 26 de marzo 2010.

2 comentarios:

  1. Faustino Ortega says

    Récele, recele, recele,
    Rezo Uak-Chouen-Lagarto
    Fuego pirámide que abre
    Punta arriba, punta abajo.
    En Xibalbá los Señores
    Quieren juego de pelota
    Este día-noche equilibrio
    Disfrazados de Equinoccio
    La Pelota del Intento
    Equi-libra entre las fauces
    Del jaguar enamorado
    Une rostros-corazones
    A la flor la vuelve canto
    Luna Vieja en Luna Nueva

    Dáncele, dáncele, dáncele,
    Dánsele los cuatro rumbos.
    En sus cetros van llevando
    Sol Silente-Sol Obscuro
    Quetzalkoatl-MItlantekutli
    Traen las flores de Juan Diego
    Ekatehua-Tutuiyari
    Flores que no se marchitan
    Tatewari-Ne Tatutsi
    Traen aromas misteriosos
    A-r-o-m-a, a -m-o-r eterno
    Flor de Amor, Amor Florido
    El Niño Dios Encarnado
    Los Hermanos se han reunido
    Los dos Soles se han juntado
    Ojalá nazca el Destino


    Anónimo says

    Gracias,por compartir, en tan bellas palabras que llegan al corazon, es revelada la magia de la existencia.amor luz y paz jta.
    un abrazo de luz.