Relatos del camino (5/5)



Hacia el Cerro del Quemado

Al día siguiente, muy temprano llegaron las camionetas que nos habrían de transportar a los pies del Cerro Quemado. Llegamos temprano y ahí empezó una prueba más. No recuerdo exactamente si fueron 3 o 4 o 5 horas de esperar con un sol cayendo con todo sobre la humanidad de todos los ahí presentes. Hasta después me enteré que estábamos en la puerta, y se estaba pidiendo permiso al espíritu del lugar, para pasar. Después de varias horas, por fin empezamos a subir. Como todo novato, yo quería llegar rápido y no administré mi energía. Luego, le ofrecí apoyo a Paty la esposa de Carlos, y me eché al hombro a uno de sus hijos, al otro cuate, lo llevaba otro camarada español….¡ése si se veía bien fuerte! Más adelante ya no pude más y me lo llevé de la mano, hasta que Paty se dio cuenta, y me dio las gracias. Cuando ya casi no podía ni conmigo, me acordé que habían dicho algo de ponerse a rezar, nomás que por más que intentaba recordar el padre nuestro o el Ave María, nomás no me salía…. Entonces me acordé de la oración del Angel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día…. Y a repetirla y a repetirla, una y otra vez, hasta que de repente y casi sin darme cuenta, empecé a agregarle nuevas palabras, y luego nuevas frases, y sentí una fuerza indescriptible en todo mi cuerpo, un empuje no forzado, totalmente desconocido, como una confianza, una fuerza que venía quien sabe de dónde… estaba aprendiendo a rezar…. ¡Gracias Cerro Quemado por enseñarme a rezar!

Ya casi para llegar, cayendo la tarde, que empieza a pringar una llovizna bien fría ¿Y a dónde nos metemos ahora? –me dije, ¿Y qué nos va a pasar si nos mojamos? Ya el frío se empezaba a sentir y desafortunadamente para las plantas y los animalitos guardianes de ese lugar, diosito se compadeció de mí y no llovió. Empezamos a tender nuestros sleeping, y por más que buscaba un pedacito sin piedras, no había….. todo estaba repleto de piedras. Hasta ahora, no me explico cómo me acosté y dormí a ratos en ese terreno.

Estando en la cima del Cerro del Quemado, la vista era inigualable, algo nunca antes visto por mis ojos…. ¡Una vista perfecta! Y en la noche hasta se veían más cerquita las estrellas, es algo realmente bello y precioso.

Durante la mañana, la recolección de leña se convertía en toda una hazaña. Por un lado, porque realmente estaba muy escasa, y la que lograba encontrar y cargar era bofa y no servía porque solo echaba humo ¡tan escasa y no toda servía para el fuego! ¡qué poca m….! Por otro lado, el miedo a que saliera alguna serpiente al ir caminando, o al mover algún trozo de alguna planta ya seca se asomaba y me acechaba. Y lo mismo sentía al moverme, pués es que verdaderamente estaba bien empinado. Y bueno, todo esto combinado con mis viejos patrones de inutilidad y comodidad como razones para justificarme, nomás imagínense. Gracias a dios, después de algún tiempo, he podido ir aceptando y transformando todo ésto poco a poco.

La noche oscura

Oscureciendo esa última noche (creo que era viernes santo) el aire frío y vigoroso parecía presagiar la sacudida más grande, la enseñanza mayor. Como mis compañeros y yo quedábamos bastante retirados del centro del círculo donde se hallaba el fuego, no nos enteramos de lo que venía aconteciendo.

Ya estábamos agarrando el sueño, o tal vez sea más apropiado decir que el sueño ya nos tomaba en sus brazos, en el momento que sólo alcanzé a escuchar gritos y más gritos…. Algo andaba mal, el ambiente se tensaba y se tensaba. La combinación de alcohol y hikurito había aflorado la dualidad terrenal -con sus instintos- que habita en cada persona. Yo escuchaba amenazas e intentos de someter a Don Andrés….. ¿Pero cómo? ¿A don Andrés? ¡Si es el mero mero, el guía! ¿Y qué va a ser de nosotros entonces si la cabeza se pierde? …. Ahora hasta me suenan metafóricas estas palabras. Entonces escucho a alguien pidiendo que todo el que traiga velas o veladoras que las encendiera y todo mundo se pusiera a rezar. Yo presuroso saco mi veladorcita e intento encenderla, pero más tardaba yo en encenderla que el viento en apagarla, parecía así lo estaba viviendo yo- que hasta el viento nos la estaba haciendo difícil. Con un bote de plástico recortado y unas piedras alrededor, por fin pude proteger aquel fueguito….. y aún así el aire lo volvía a pagar, aunque ya con el bote duraba más tiempo encendido. Luego me acordé de las varitas de incienso que me había regalado Miguel Angel, y ese aroma hizo su chamba ¡Cómo me acompañó! Luego varios compas de ahí cerca, me empezaron a pedir varitas y las repartí casi todas por aquí y por ayá. ¡De cuánta ayuda puede llegar a ser un aroma agradable en ese tipo de circunstancias!

Muy cerca de mí, observaba al hermano de Oscar con una imagen de Cristo crucificado y por lo visto él también la estaba pasando difícil, porque se aferraba al cuadro como si fuera un salvavidas en medio del océano. Las sensaciones de miedo eran muy, muy fuertes…. Yo sentía como que algo nos jalaba hacia afuera y el frío era cada vez más intenso. Recuerdo que unos metros atrás había un burrito que no paraba de emitir sus sonidos, en eso me dormité un rato y tuve el siguiente sueño: ….”Sueño que se sacrifica al burrito y que Carlos me da unos pedazos de carne todavía con sangre y me los pone en una canasta que yo cubro con una servilleta de tela y él sólo me dice: ¡Anda y ve! Señalándome el camino en el horizonte. Yo intento preguntarle ¿Y qué voy a hacer con esto? Pero él sólo me está señalando el camino… entonces empiezo a caminar y a caminar y ya estando sólo, destapo la canasta y ¡oh sorpresa! La canasta está llena de unos deliciosos pays de piña (fin del sueño).
Pero como soy tan terco y desatento no le hice caso a mi sueño, y por la mañana, una duda no me dejaba en paz: ¿Y ahora qué voy a hacer? ¿Cómo compagino la psicoterapia con todo lo vivido durante estos 6 días? La sacudida había estado intensa y prácticamente sentía que me habían movido el tapete ¿Y ahora cómo salgo de todo esto? Me decía mi disco duro, como sintiéndose expuesto y vulnerable.

De veras que es cierto que puedes no entender algunas cosas con la razón, y en lugar de ello, puedes percibir con el corazón…. Eso fue lo que me pasó, cuando ví que algunos compañeros aventaban al fuego sus plumas, los veía molestos, desilusionados….de por sí, no entendía qué onda con las plumas y cómo las movían, pues mucho menos entendía por qué las aventaban al fuego, y aún más… la energía con la que las aventaban, era algo feo…. Sin saber por qué y sin entender nada, algo me dolía al presenciar aquella escena.

Poco a poco, fuimos bajando por otro lado el Cerro del Quemado, hasta salir por Real de Catorce. Ya en el poblado, un bañito sabroso, comida calientita y rica, y a los camiones de regreso. Al buscar los camiones, tuve la oportunidad de darle un abrazo con un profundo agradecimiento al Carlos. Hoy refrendo este agradecimiento al hermano mayor por todo su trabajo, todo su compartir, por enseñarnos que todos somos hermanos mayores y menores a la vez, por su amor, su paciencia, por hacer accesible un conocimiento que todo lo cura, aunque a veces nos sea necesario atravesar por la locura, al ir soltando todo aquello de lo que nos hemos estado agarrando.

Y como para que no se me olvidara por dónde estaba mi tarea, al parar el camión a las afueras de la Central de Autobuses de Xalapa, y después de bajarme del camión y despedirme de los compañeros, cuando se fue el camión (porque todavía iba hasta Veracruz) ví que se les habían quedado unas maletas en la banqueta a alguien…. ¿Y qué hago? ¿Me las llevo? ¿Las dejo ahí? ¿A quién le aviso, si no tengo teléfono?.... Al final decidí que cada quien era responsable de sus cosas, y que ya era tiempo que dejara de andar cargando con lo que no era mío…. Sin embargo, confieso que aún así sentí culpa…. ¡Qué pesadas pueden llegar a ser las maletas de nuestras culpas!


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4 comentarios:

  1. la guardiana says

    Cuando empiezas a caminar, empieza la búsqueda...
    La antigua despedida de los peregrinos de la tierra
    "Que la tierra se valla haciendo camnino, que el viento sople siempre a tus espaldas, que el sol brille cálido sobre tu cara, que la lluvia caiga suavemente sobre tus campos, y hasta que volvamos a vernos, que dios te guarde en la palma de sus manos"


    Jorge Gasca says

    Ale:

    Sería un privilegio que nos compartieras tu relato del Camino de Santiago.

    Saludos


    Julio says

    Gracias hermanita....Me sumo a la comanda del Gasca... Y una más ¿Y cuándo se viene a saludar el oáisis-escuela-paraíso que tenemos por acá, de este lado del charco?


    Solari says

    Gracias por compartirme esta experiencia, la sentí muy vivida.
    Saludos desde el corazón, Caro Carrera.