Cánticos del Cuatro Ahau


El agua es mi amor, el agua me enseña el secreto de las plantas, de los arboles, de la curación, el agua abre la puerta para ver. Hoy el agua necesita de nuestros cuidados, de nuestras ofrendas. Aj’men Bartolomé Poot Nahuat.

El Sacbé por donde viaja la vía láctea como espejo alumbra la selva del pueblo maya. La piedra caliza desgastada se hace polvo, arena de playa, copal, estrellas encendidas en el pib donde se hornean las primicias que se ofrecen a la naturaleza.

La ley del tiempo, la única ley que no puede ser votada, que no puede ser derogada por la voluntad humana sigue rigiendo con su caricia atemporal la cotidiana parsimonia de quienes saben que la ansiosa prisa no lleva a ningún lado, y que no hay lugar a dónde ir. La ley del tiempo comparte su misterio atemporal para aquellos que danzan con lo efímero apasionados sin ningún resguardo para el mañana, un mañana que nunca llega.

El maya degusta el sabor del tiempo en un presente expandido sazonado con la semilla roja del achiote, el aroma seductor del cacao acariciando el maíz, panes que se levantan a los trece cielos, animales que se aderezan bajo los nueve niveles de la tierra, ceiba asoleada perlada del sudor y sangre de la guerra de castas, cruces que hablan en el tiempo del cenit propiciando las lluvias, estelas de piedra jugando con las pléyades y el dueño del monte aliado de enanos mágicos fertilizando la vida.

El maya abolió la membrana que aparentemente separa el mito de la cotidianidad, aun con la insistencia de las sectas cristianas el antiguo arte de creer-crear-hacer los hace participantes de la recreación de fenómenos de la percepción que en otros pueblos fueron relegados a espacios sombríos del folklor. La serpiente emplumada –de cascabel- literalmente se empluma en ciertos cenotes para que después de un largo tiempo de retiro emprenda su viaje definitivo al mar donde desaparece.

En la selva maya los Chilam Balam ahora en vestiduras de campesinos son visitados en los sueños y esperan la llegada de Juan Tutul Xiu el sabio que se fue por el Xibalbà al oriente.

Los Akab Uincob los Maestros del Ensueño lo vieron rondando por los mundos luminosos y lanzan sonidos, silban, señalan para edificar las formas.

Se dice que los ancestros petrificados que viven en Oxkinkuic presienten su despertar y los Saiyamwinkoob Maestros de la Palabra unen el cielo y la tierra.

El texto colonial de los Chilam Balam nos refiere:

El Cuatro Ahau* es el decimoprimer Katún que se cuenta. Chichén itzá es su sede. Llegará el Quetzal, el ave verde, el del bastón dorado. Llegará su vómito de sangre – su palabra – por cuarta vez. Llegará la Serpiente Emplumada para visitar a los itzaes. Es la cuarta vez que habla, su cuarto retorno al itzá. (Libro de los libros del Chilam Balam, Segunda Rueda de Katunes)

*El Katún 4 Ahau transcurre del 8 de Abril de 1993 al 23 de Diciembre del 2012.

A los mayas antiguos les gustó describir el tiempo como un fenómeno cíclico. Ciertos eventos cósmico-sociales con diferentes vestiduras, se repiten. Eso es natural si enfocamos el movimiento de planetas y estrellas como un reloj. El reloj ahora marca la finalización de la llamada cuenta larga. Por supuesto que, para la Conciencia Atemporal, la cuenta larga en realidad apenas le sirvió para explorar a través de la razón una manera de percibir el mundo, una manera de hacer el mundo hasta que la forma de todos los seres apareció tan sólida como los edificios. El observador se distanció de lo observado -una distancia sana dirían algunos- y la razón destazó el mundo, jugó a levantar fronteras, cárceles cómodas de la percepción donde refugiar el miedo hasta la fecha.

Hoy se acaba el mundo, se acaba la cuenta de la solidez de las formas ante el embate de la fuerza de la naturaleza, se cae el mundo conocido y de nada sirve ponerle remiendos. Esta conclusión del mundo perceptual conocido que nos debería llenar de alegría, mueve al miedo y es motivo de grandes inversiones que intentan colocar alfileres a una estructura que llegó a su fin. Hay que recordar que todo lo que nace se transforma y/o muere.

Un joven guía de turistas en Cobá se nos acercó con curiosidad mientras contemplábamos la pirámide de nueve niveles dedicada a la tierra preguntando: ¿creen en la energía? una pregunta inocente, que escuchada en el tenor de los tiempos nos pareció indicar más que una pregunta; un requerimiento, un señalamiento para no construir sobre arenas movedizas la nueva cultura, para no hacer tesoros en la tierra que se los lleva el ladrón tiempo, para ensayar la ligereza de la energía moldeada por la palabra, para saber que creemos-creamos-hacemos el sueño, para realizar que somos Libertad de Percepción que ningún sistema puede atrapar.

Así los llamados Itzáes –los que fluyen en el agua celeste- recordarán que somos visitados en el tiempo por lo atemporal –tocados por el espíritu- y en esa visita, el mundo perceptual conocido se derrumba, aunque sea de uno en uno. No queda piedra sobre piedra, pero en tres días, se arrimaran las tres piedras al fogón y se compartirá a los cuatro rumbos de la milpa la antigua ciencia de Kukulkan: el arte de emplumar la serpiente, es decir, la manera de Creer la Energía.

1 comentarios:

  1. Faustino Ortega says

    "Vendrá irrespetuosa su risa a opacar tu tristeza/Hará que no pienses cuando tus jardines se cubran de aromas y flores/...Será la Gota de Agua de la preocupación brincando alegre sobre tu mala suerte..."D. Haro.
    Gracias, cantores