Tal vez algunos de ustedes hayan visto la película “El Perfume” y reaccionaron de distintas maneras en la escena en que nace el protagonista en medio de desperdicios, ratas y gusanos. A algunos les habrá dado asco, otros tal vez hayan juzgado como lo peor a la mujer que está pariendo, probablemente, otros más, les haya dado vueltas la cabeza buscando explicaciones, y finalmente hay a quienes quizá les conmovió la escena que se desarrolla en la Francia del siglo XVII.
Tres siglos después, algo parecido aquí cerquita (Minatitlán) está sucediendo. Una niña de escasos 15 años, queda embarazada y por el miedo, que más bien pareciera terror hacia su papá, sale huyendo de algún lugar del estado de Chiapas y llega a Minatitlán, donde para ganarse unas monedas y sobrevivir, empieza a trabajar de payasita en la calle, durmiendo y comiendo como se puede. A tan corta edad, y como puede, hace trabajo de parto en un lote baldio, y en este mismo lugar abandona a la criatura. (Según información de los periódicos locales).
¡Mala madre! ¡Bruja! ¡Insensible! ¡Desgraciada!.....son tan solo algunos de los juicios que nuestra sociedad te envía como dardos envenenados a ti niña.
Y yo pregunto:
¿Alguien de ustedes ha vivido alguna vez ese TERROR hacia alguno de sus padres, que ha preferido abandonar el nido a esa edad?
¿Alguno de los lectores ha dormido en la calle y comido, o mejor dicho, medio comido lo que otros tiramos a la basura?
¿Alguna mujer ha pasado por el miedo, junto con los dolores propios de un parto completamente sola a los 15 años, entre el monte?
No estoy diciendo que haya que aplaudir acciones como éstas, pero como dijo un maestro: “… el que esté libre de pecado… que tire la primera piedra”.
Si partimos de la convicción, que cada uno de nosotros estamos formando parte -entre todos-, de un gran tejido multicolor y maravilloso… solo te puedo decir niña: ¡Perdónanos por sostener y legitimar un sistema que privilegia el castigo y el juicio, por encima de la cooperación, la solidaridad y el amor!
¡Me duele lo que has vivido!... ¡Y me duele la frialdad de quienes te juzgan y te castigan! … No se dan cuenta de la severidad con que ellos mismos se están juzgando y castigando así mismos.
Que el todo poderoso te ilumine y te permita aprender lo que tu escencia necesita trascender por todo lo que te ha tocado vivir a ti y a tu bebé, mas lo que te falta. ¿Cuántos sacrificios más como éste se requieren para despertar y descongelar nuestros corazones?
Somos un grupo de practicantes de la herencia ancestral resguardada y transmitida por los sabios del Anahuac, que en estos tiempos compartimos los frutos de su enseñanza.
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Mi estimado don Luis Enrique.
Solamente cuando nos compartimos
sin cerrar los ojos pero
cerrando los sentidos al juicio
entonces emerge la acción solidaria, compasiva, natural.
Le mando un abrazo y buenos deseos porque la familia de Coatzacoalcos
siga floreciendo en corazón.
Jorge Gasca says
Don Luis Enrique:
Haga usted el favor de aceptar de una vez por todas la invitación para ser autor en Masacalli.
Un abrazo.