El asombro sin nombre



Una flor amarilla pequeñita sin nombre de referencia creciendo al amparo del intento de la naturaleza, es una flor que no se cultiva y sobre su estera caminamos con pasos descuidados, nos sentamos, nos recostamos, escupimos, levantamos sueños y palabras sabias, sanamos, sacrificamos a nombre de la tierra.

Esa flor amarilla pequeñita sin nombre se tiende como alfombra en los temascales del evento Raíces de la Tierra, bordea la Kiva con el esmero de quien adorna un altar, conforta a las mujeres que ofrendan su luna. Una florecita que alivia la depresión de no ser importantes, una florecita medicina que regala su bálsamo para el atisbo de incertidumbre que brota cuando la razón se percata de su imposibilidad para abarcar lo indescriptible.

Sabias lecciones de los más pequeños seres ancestrales que se asumieron sin importancia y por lo tanto lo que nace de ellos es naturalmente medicina sin artificios.

El corazón vientre de la tierra abierto recibe la semilla palabra canto ceremonial de los abuelos-as-, la señal de un ave a medio cielo es signo de alegría, las nubes enrojecidas por el atardecer son como plumas que aran la parcela celeste, las miradas que se buscan enamoradas, las miradas que se desvían por el desencuentro, la mirada sabia de una florecita amarilla sin nombre me llama la atención, me recuerda que la sencillez del existir es raramente reconocido.

Nos atraen los juegos pirotécnicos del espíritu o de lo que deseamos llamar espíritu, nos asusta, nos ofende cuando no somos tomados en cuenta, cuando nadie nos atiende. Sopla el aroma de los eucaliptos perfumando los rezos ancestrales, el tabaco derrama su poder a los cuatro rumbos del universo, el copal extiende su cordón umbilical comunicando la vida, el árbol Rehue sagrado Mapuche recibe las danzas como alimento. Cientos de seres sin nombre acompañan la ceremonia, cientos de seres ignorados se unen a los cantos, cientos de universos aún no descubiertos convergen. Nos atraen los juegos pirotécnicos y los trucos mágicos mientras que la vida pasa ante nuestros ojos sirviendo su medicina con la simplicidad de existir simplemente, gracias a todas nuestras relaciones.

Una mirada abierta sin preferencia es como el resplandor de una libélula, es como una florecita amarilla. Una mirada incluyente es una preciosa ofrenda, una mirada que no proyecta autocomplacencia, una mirada que salva –saluda- la diferencia, una mirada natural, una mirada de primera vez al mundo, una y otra vez.

En la florecita amarilla sin nombre se posa una libélula, el viento escribe su palabra en los eucaliptos, el tambor desgrana latidos de agradecimiento…la ceremonia es un río continuo de la conciencia.

Jesús Carlos Castillejos V
Melosilla Chile
Primavera 2009

3 comentarios:

  1. Pia says

    Gracias Carlos por recordar esos seres sin importancia...
    Gracias por todas mis relaciones y por la mirada incluyente
    Abrazo,
    Pía


    sara says

    Ha sido leer la piel de un jaguar en este momento de soltar...pamparius tatis


    Irene Corredoira Abramovich says

    Gracias por tan bello asombro.. en el nombre de las florecitas de colores que se asumieron sin importancia en esta bella y perfumada tierra chilena... gracias por tus letras que se unen en frases delicadas y amorosas.
    Un beso lleno de amor para ti
    Irene