De las Cuevitas


Para quienes han transitado por las Cuevitas, práctica milenaria, ofrenda de tiempo maravillosa. Para quienes pronto vendrán y para los que regresaremos al vientre de la tierra...pronto.

"Te traducen el símbolo y lo miras. Te construyen las puertas y las miras. Te introducen al útero de la tierra, pues de otra manera quien sabe si entres. Te engendran y te dejas... “Déjate llevar”. Los sonidos de la quietud de la mente te arrullan: hace mucho tiempo que moriste y aún no naces. Eres tiempo. Tiempo que ha de nacer en el presente. Bastón símbolo vivo, presente unificado, sin pasado ni futuro, sólo consciencia. Te dejas llevar a ningún lado. Frente a ti la inmensidad del abismo te invita a saltar. “Por dónde lo veas, vas a saltar. Si usas el puente, a medio camino vas a saltar; si vuelas, vas a saltar, si te dejas ir, saltas”, parece decir la consciencia. Al saltar ya no hay referencia, todo parece ser igual. Momento sin tiempo en que la mente recapitulada aparece y te lleva hasta donde se ha quedado dormido el jaguar niño que empieza a nacer en ti. Todas tus penas aparecen atadas a la vergüenza: miedo, deseo de agradar, creencias falsas, máscaras, abandonos, grandezas insignificantes, logro de objetivos ajenos, metas mitos inventadas y así, hasta ya no poder llorar más. La vergüenza de haber muerto y no haber nacido todavía.

Peregrinas en el sin-tiempo. La caminata, pasada-presente-futura ocurre en los sueños, en el intento. No sabes cómo se traduce Eso que viene y que te habla al oído, con ternura; Eso cuidandero, íncubo del corazón, daimonio converso, con-vertido en contenido de ti, fuerza que te mueve a hacer todo lo que haces, aún sin conciencia, en lo que sientes aún sin registrar tu sentir. Te retiras para acercarte saliendo a tus adentros, unificando.

Tienes el símbolo ante ti, como un espejo. Recapitulas en las cuevitas, en una de las Nueve Moradas obscuras. Espacio reducido, sentidos y funciones corporales minimizados. No terminas de acomodarte y las imágenes comienzan a volar a tu alrededor. Tiempo alechuzado volando bajo, alrededor de los intestinos, junto a los genitales, por encima de la coronilla del tiempo del faisán, luna que viene entrando en la primera chackra o como se llame. El tiempo se diluye en la obscuridad y toma forma de recuerdos, de presencias, alimento energético de las hormigas pobladoras del Xibalbá, cueva sagrada de lo no-conocido, campo-santo poblado de imágenes que se diluyen en la re-capitulación. Volver a capitular la visión, el camino, ¿ante quién o delante de qué se capitula, se rinde? Ante el Primer Plano llamado Consciencia. Las imágenes te hablan.

Las preocupaciones y algunas ideas se interponen entre la voz de esa fuerza y el silencio que la trae hasta la consciencia. Te percatas de que estás luchando contra Eso que se viste de imágenes. Quién sabe en qué momento cedes, capitulas; luego, vuelves a capitular. Te entregas al Poder que tu destino rige. Recapitulas hasta el momento en que las peores experiencias tomaron parte de tu vida para distraerte. Hace mucho tiempo que moriste y aún no has nacido. Los señores del tiempo, tus señores, agradecen la energía que se traduce en una especie de expansión involuntaria de la consciencia que Eso-Ellos mismos en-cargan cuando tus células se renuevan sacrificándose, es decir, naturalmente. Eso-Ellos te llevan por la garganta del Jaguar hasta el corazón que late por ti, en ti. Las grabaciones se limpian, la percepción se despoja de detalles que le detienen. ¿Ya no tienes pensamientos o todo lo que aparece como en una pantalla mental obscura no es más que una película de tu creación, argumentada por tus deseos de que así sea, amén?

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