La Italia


Parla la Natura 1

1. Entre el medioevo de la percepción
y su renacimiento
aprendimos a velar por la flor

2. Los juegos amorosos del venado
provocan el otoño
el ritual atemporal asoma

3. La humanidad-naturaleza empieza a vivenciar
que la cultura es la vestidura temporal
de lo atemporal.

4. Lo que llamamos realidad es solamente:
el color del cristal con que se mira
¿Y si el cristal no priorizara color?

Cuando la noche me llama a su lecho escribo el epitafio del día, y así como aprendí a caminar intento aprender a soñar. Cuando aprendí a caminar sentí el gozo de una libertad mayor. Cuando despierto en el sueño siento el gozo de una libertad sin límites. Sólo venimos a soñar dijeron los poetas Toltecas. Cuando despierto intento ofrendar a la vida un acto de percepción desnuda, es decir una percepción libre de las vestiduras del juicio.

Voy caminando por lo que llamamos tierra y conocemos como 'La Italia'. Las campanas de la iglesia del pueblo de Grondona repican cada hora como para detener el tiempo entre los valles. Milán que siempre está a la moda realiza una alquimia cultural forzada por el fuego de inmigrantes de todos lados, quizá la ilusión de mejorar condiciones de vida tiene propósitos aun no develados. Ferrara me hace suponer que el medioevo de la percepción sigue conviviendo y sugiriendo a través de una arquitectura hermosa que en la mayor oscuridad los artistas imaginan la luz jugando con los claro-oscuros del tiempo. Arezzo con su plaza central donde apareció la princhipesa de la “Vida es Bella” conserva iglesias llenas de símbolos alquímicos desafiando las convenciones de los iconos religiosos. La vida es Bella me sugiere que aún en las circunstancias más terribles de la humanidad un toque chamánico de responsabilidad, un reclamo del poder cedido a las circunstancias, un salto al servicio incondicional de la vida… permite a la semilla de la vida, a la memoria ancestral sobrevivir, despertar.

En todos lados voy compartiendo lo común a la humanidad, lo común a la percepción. Pongo énfasis y repito una y otra vez en cada conferencia, en cada seminario la máxima del credo cuántico: El observador no está separado de lo que observa, ¿Quién es lo que observa? La máxima del credo cuántico ha sido explorada en todos los tiempos por todos los peregrinos de la conciencia. Los Mayas y los Toltecas, por ejemplo, no han sido la excepción. En la medida que descubres e integras que aquello que observa y lo observado es un matrimonio inseparable, entonces tu verdadero patrimonio asoma: la consciencia. La consciencia de una energía que fluye, se transforma y se mantiene agarrada de alfileres suspendida apenas un instante en el tiempo, un instante mágico en donde el holograma de la totalidad puede ser percibido.

Entre muestras de asombro por la difícil facilidad de la percepción me comparten su comida- que por cierto ando literal y gozosamente “empastado”- , su vino, sus castañas y hongos de la temporada que ahora podemos decir nuestros.

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Parla la Natura 2

5. En la cueva, en el bosque San Panchito
sueña, ayuna, se muere al mundo.

6. El Tolteca es un espejo horadado
que no se detiene en la superficie de las cosas.

7. El venado acarició con su pezuña la tierra
y le arrancó un suspiro...un suspiro de alumbramiento.

Morirse a la descripción del mundo, a su interpretación, ha requerido en forma general de prácticas que ahora son llamadas ascéticas. San Panchito un personaje que solo disfrutaba de morirse al mundo, fue canonizado por la ‘empresa’ en donde ahora se generan grandes ganancias a costa de su nombre. Alguien que se muere a lo conocido produce que lluevan recursos para que otros afinquen su seguridad en el mundo… ¡Cuanta paradoja!

Las prácticas ascéticas, si bien no son estrictamente necesarias, parecen ser una de las vías para saborear unos momentos el toque de la impermanencia. A veces esos momentos de impermanencia no son suficientes para instalar el programa en el cuerpo energético, de manera tal que la descripción del mundo consensuada vuelve a tomar el comando. Así algunos moridores consientes han llegado a prácticas que la cultura dominante considera extremas.

Bajo a la cueva donde meditaba, dormía, recapitulaba, ensoñaba el ahora llamado San Panchito... ¡Ante tremenda austeridad uno empieza a considerar seriamente que su vida es demasiado sobreactuada, ante tal simplicidad los complejos se hacen evidentes! Se dice que para que San Panchito no se durmiera como cualquier bestia -hermanita de la naturaleza- y recordara uno de los deberes humanos, llegaba un halcón a despertarlo...En halcón era su despertador y el aliado que le avisaba que el tiempo de levantar su oración-intento había llegado.

El bosque y montaña donde pasaba sus días-noches, le fue donado por un Conde al que le caía bien Panchito como un personaje pintoresco y buena onda de aquella época... Quizás le regaló su terreno a un ‘jipy’ para que no diera malos ejemplos en el pueblo. Con el paso del tiempo el mismo Conde pidió su ordenamiento en esa comunidad jipy.

Morirse a la descripción del mundo es lo que hace del Tolteca un espejo horadado. Es sencillo, parece nada fácil realizar y ahí es que, de cuando en cuando, al laico no ordenado en el cosmos se le sugiere poner un alto en el camino y tomarse unas vacaciones del mundo conocido, tal como lo va realizado la tierra entre el otoño y el invierno. Vacaciones es descubrirse vacío de todo juicio o descripción o al menos que tales intentos descriptivos sean solamente unos juegos entre los claro-oscuros de la vida. Un Tolteca se da cuenta de la simplicidad apabullante del Misterio: ‘…y si las aves del campo tienen sus nidos y los felinos tienen sus madrigueras y a ninguno le falta alimento…’ ¿por qué sigues creyendo-creando-haciendo que algo te hace falta? ¿Acaso no eres hijo incluido en ese Gran Misterio? o ¿Has creído-creado-hecho que has sido expulsado del Gran Misterio y ahora tienes que navegar esforzadamente para hacerte merecedor de tu herencia ancestral?

El ascetismo de San Panchito no tenía que ver con la satisfacción personal de hacerse merecedor, no había un yo ahí con la suficiente importancia personal que registrara tal suceso, el simplemente como un espejo “imagen y semejanza” encarnaba el ser nada siendo todo. ¿Por qué preferir ser algo?

Es así como un espejo horadado puede surgir en cualquier tiempo, en cualquier cultura, aunque más tarde la cultura lo convierta en un icono expulsándolo de nuestra verdadera naturaleza.

Aquí muy cerca de la casa en Grondona los venados han terminado sus juegos amorosos y un servidor viaja hacia Canarias.

Con agradecimiento a la Via Salka, Maurizio-Alessandra, Filipo y familia stenza.



Carlos Jesús Castillejos V.

1 comentarios:

  1. Jorge Gasca says

    Carlitos:

    ¡Sigeeeeee gozandooooooo desgraciadoooo Laurianoooo!

    Espero que su internacionalización no exacerbe el Australopitecus chamanicus sobreactuadus masacaleirus.

    Dele un beso y un abrazo a mi Pachamama....