Niño azul Oaxaca



Quisiera relatar todo lo que ocurrió en la Casa de los Colibríes, en la sierra sur de Oaxaca, durante este último peregrinaje, pero no me alcanza la energía ni la palabra. Por eso, como un tributo a los formadores, con el permiso del hermano mayor, su servidor pone palabra a esto que le ha nacido en los últimos cuatro años caminando por la tierra de los Niños Sagrados.

En la palidez del azul del cielo que da trasfondo al color de la montaña, a los rojos brillantes del amanecer, a los intensos dorados del sur, a lo que crea las formas, se nos muestra Tu designio. Somos peregrinos que venimos a comer la carne de los dioses para ser un poquitín mejores en la vida diaria. Te bendecimos con la oración corporal matutina y el bautizo de los adormilados sentidos con agüita serenada y florida, la que juntaron las hormigas para Hunapkú e Ixbalamqué. Que se conviertan en camino cuando volvamos a casa.

Luego hacemos los sonidos del despertar: LUUM, escabel de divinas vibraciones que estremecen y sacuden el cuerpo al mostrar el paraíso del silencio interior. IK, viento azul silente, manto tendido ante la energía observadora que durante el día desviste la blancura de las nubes sólo para besar el vuelo de las aves y durante la noche bebe el fulgor de las estrellas que destila la cascada de relámpagos nocturnos. CANILEB, vibración de serpiente aguamarina, aguardiente.

Por la noche, en ceremonia, con carne de Niños dioses inmolada en el fuego interno alimentas a tus hijos. ¿Cómo es tu tránsito por el lugar de las imágenes? ¿Qué aprendiste? ¿Qué misterio tocó tu alma? ¿De dónde te viene el regocijo?¡Oh feliz locura! ¡Que venga el miedo y coma la medicina con nosotros!

Apacible, tu rostro tiene el color del borde de los horizontes cotidianos, de cada amanecer y atardecer y su intermedio: pálido resplandor que, sin la montaña, no tendría nacimiento, forma o muerte; sin la estrella, no tendría comienzo ni fin; de no ser por ti, nada existiría.

Tu alimento hace que la pincelada del amanecer gire y ya sea atardecer. La palabra sagrada danza, se eleva, ve. Te vuelve hombre/mujer de conocimiento por un instante.

No estás aquí con un fin ni por un origen, dice la enseñanza que ya pasó: te creas al nombrarte, al llamarte, al ignorarte, al narrar tus obras y al guardar silencio. ¡Viva el gozo! ¡Bailemos, abracémonos al no-tiempo, juntemos los cuerpos en la danza de los jóvenes que miran el color del amor vivo, vibrante, sin resentimientos!
Eres el color de referencia de la palabra, cuando te percatas de las presencias- relaciones mirando al Sol de mediodía, a la Luna que se va desdibujando.

El polvo de tu calzado colorea como de barro la visión cuando, al entrar a tu casa, te revela con la amable indiferencia de tu mirada y el dulce silencio de tus palabras, los colores que tus ojos cosecharon y los cantos que endulzaron los oídos durante el peregrinaje.Solo. Sola. Y sólo eso: un color pálido, indescriptible, color del aire de los caminos que recorres entre tu-mi casa y mi-tu trabajo.

1 comentarios:

  1. kOLibrY says

    Lindo paisaje,de las estrellas y las nubes, noches de niños santos azules,cantos de maria sabina y gritos de locura, risas de duendes...me convertia en un pajaro, creo que era un colibri, pues sentia el pico largo y delicado...ruiditos de chupa flor que los demas confundian con cantos de murcielago...magia magia magia, sueños, luz, avena y arroz!

    love love love...no hay nada que ver, no hay nada que escuchar, solo oir el viento soplar, y ahí estar...