Nacer y morir en Mixcoatl


Las olas se levantan muy temprano y salen de la casa de nuestra madre con su tocado de espuma y canto. Extienden sus brazos al viento y viajan en cinco tiempos a donde la muchacha que cuida el coamil llama: madre haramara no te olvides de tu niña maíz nuestro sustento, nuestra joya más preciosa, aquí traemos una jícara de agua y harina, que somos nosotros pidiéndote que amamantes este coamil.

Serpiente alada padre amoroso mi caminar sea pisadas ligeras como las tuyas, huellas de agua, rostro siempre mutante como el canto de la vida. Nubes peregrinas eres señor de todas las direcciones, sacudes todas las estrellitas de esta jícara con tu voz de trueno y tu anhelada sonrisa relámpago.

Te llevas implacable en un instante el dibujo, luego las manos sabias muestran el nuevo bordado en el telar.

Así quiero reconocerme en tí: rostro siempre lavado de agua bendita.

Mi sueño florece sobre las nubes de pochota.

Me voy a volar arriba y abajo contigo y nos extendemos en cruz hacia adentro.

Que todos los rostros mojen sus labios de ti.


Tei masara.

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