Mapuches, Hombres de la Tierra


“Acecharse a sí mismo, estar despierto es el gran grito de la raza. Para estar en comunicación con Dios hay que vigilarse, el Futa Chao (Gran Padre) no quiere el sacrificio en Nguillatunes (rito de fertilidad). Él quiere corazón. Esto es lo que vale. Por eso me opongo al sacrificio de animales en los nguillatunes. Para mí, sólo es una fiesta araucana que comparto porque soy de este pueblo, pero no verdaderamente una unión con Dios. El verdadero nguillatún, al igual que para los antiguos héroes y konas (guerreros) de mi raza, era el estar despierto, es el vigilarse a sí mismo, cada minuto del día y cada hora del año. Quien se vigila a sí mismo cada minuto de su vida, no necesita de ninguna religión”

(Comunicación verbal de Ceferina Huanquifil, 1985)


“Dios y el Diablo están dentro de nosotros mismos. Por lo tanto los dos son parte de la naturaleza que se necesitan mutuamente. Y bien miradas las cosas, en ocasiones el Diablo o el mal puede ser mucho más “bueno” que Dios mismo: porque las cosas malas están ahí para ser mejoradas, para ser arregladas y perfeccionadas. Y lo más importante, nosotros mismos, nuestro propio espíritu va a poder desarrollarse y perfeccionarse en la lucha por arreglar las cosas buenas o malas del mundo. En cambio, todo lo que es ya bueno y noble y perfecto no nos sirve para superarnos, porque si es bueno no tiene necesidad de arreglo. Si todo es bueno, no tendríamos destino en nuestras vidas”

(Reflexión del joven mestizo Claudio Orellano, 1989)


“El pillán (espíritu superior) que estaba siempre en el trengtreng (montaña sagrada) de nosotros se sabe enojar mucho. Y en los tiempos de antes, hacía salir fuego del volcán, hacía temblar mucho, terriblemente, la mapu (tierra). Con el kaikaifilu (serpiente mítica del océano), que tal vez es amigo de él, no se sabe, subía las aguas del lago, inundó todo, se llevó tierras, hizo teifú (destrucción) todo lo que había. El pillán será siempre el dominador del destino de los hombres. Ahora los blancos tienen fuerza, pero él espera. Que vive, se sabe por mucha gente que lo visita en sueños, y por las almas que andan. Los antepasados decían. “El pillán no vendrá tocando la pailla pifill (flauta de la paz); vendrá para tocar el nuevo tambor de pieles blancas, piel de guerreros wingkas (mestizos): sobre este kultrung (tambor) va a tocar. Y los terremotos son avisos, para decir que está ahí, despertando, y que no olvida su tarea”

(Explicación del Cacique Kilakina Abel Kuruwinka, hablando sobre los movimientos telúricos del Sur, 1962)





1 comentarios:

  1. Jesus Carlos Castillejos says

    El sacrificio silencioso, cotidiano de millones de niños, jóvenes, ancianos es un ritual que la mayoría consentimos en aras de la comodidad...