La medicina se dedica....


Si algún don o alguna medicina ha nacido de la Tradicion Wirrarrika -de este caminar, de este peregrinaje- se dedica a todos los seres. A todos llega, a todos ama, a todos escucha: a la tierra, al polvo de la tierra, a los arbustos, a las espinas, a los insectos. La medicina se dedica sobre todo a aquellos que en apariencia nada tienen: a los pobres de creencias, ideas y expectativas.

Si alguna medicina ha nacido o está naciendo de nuestra Tradición, se dedica a los pobres que donan su vida asumiendo la responsabilidad por la soledad, la violencia, el amor y la paz que viven en el mundo para reconciliarlas sin juicio.

La medicina se dedica a aquellos que se hacen cargo de sus allegados, de sus amigos, de su familia-montaña, de su familia-vida, de su familia-humanidad; a los hombres y mujeres anónimos que ofrendan en su cáliz-corazón aquello que calificamos como 'luz' y como 'tinieblas'. Se dedica a todos aquellos que sin saberlo o con conocimiento de causa son discípulos del amor que nos unifica en la diferencia.

Sostiene al mundo el ser humano que enciende el fuego interno en la tierra profunda -serpiente fundamento- y con su ascesis lo eleva hasta el corazón y desde ahí hasta la palabra, para que florezca como medicina en el mundo. En el juego de la re-creación la medicina se revela 'afuera' como espejo Tatevari que nos guía con impecable maestría por el insospechado y asombroso amor que nos acepta sin condiciones; se revela 'adentro' como palabra, como medicina que enciende a todos los pueblos en la ceremonia del fuego interno.

Las mujeres y los hombres que nacen de este misterio encienden el fuego y lo cuidan para mirarse 'adentro' y 'afuera' en sus infinitas posibilidades, que son las infinitas posibilidades de todos los seres. De manera natural abren su reflejo, su imagen y su amor a todos los seres, y aceptan el cargo de llevar el fuego hasta donde él necesite llegar como medicina. Inhalan aquello que parece 'imperfecto' en el mundo y diluyen exhalando toda esa 'aparente imperfección' entregándola a la tierra como vida reconciliada.

¡Medicina de la tierra, medicina del corazón, medicina de la palabra, medicina del fuego venimos clamando e implorando por su amor siguiendo 'el costumbre' de mis abuelos! .... Cuide de la familia, cuide de los caminantes, cuide a los que con usted sueñan, a los que con usted juegan y fantasean, a los que le añoran. Cuide a los que le quieren servir, a los que se quieren poner a la orden de su flujo y de su influjo -¿pues a que otra orden nos podemos poner? - Cuide de su hermoso espejo de la naturaleza, de esta tierra hermosa, de su pequeño grano de arena. Cuide del agua, del viento, de los árboles y de todos los seres: ¡Señor-señora una sola palabra suya bastará para sanarnos!

Don Pedro Valeriano.
Ceremonia del Fuego Interno
8 de febrero del 2004
Bernalejo, Desierto de Virikuta


2 comentarios:

  1. Jesus Carlos Castillejos says

    ¡¡¡Que hermosas palabras de Don Pedro Valeriano!!! las recuerdo como si fuera hoy..


    sebastian says

    El desierto atestigua la palabra de don Pedro Valeriano. Es medicina que sana los corazones de los caminantes. Alienta. Agradeciendo que todo y todos hagan el Amor.