Una familia.... un linaje



Al amanecer -terminada la ceremonia del canto de la cantadora y del contracanto de los ancestros- los más experimentados del grupo se fueron al Cerro del Quemado con el Marakame Don Carlos a continuar con la fiesta.

Un día y medio despúes regresaron al círculo de caminantes. Antes de partir de Virikuta a la Aldea de los Venados, el grupo del Quemado me entregó una piedra con restos fósiles de caracoles y otros pequeños animales marinos que encontraron en algún lugar en su trayecto. Cuando la estaba recibiendo, Don Carlos dijo con voz pausada:

“Hazle saber a la gente del pueblo mestizo que para nosotros no hay ser pequeño. Una piedra, un río, el hikuri, el lobo, el jaguar, venus, el sol, son tan grandes e importantes como el más grande e importante de los hombres.

Para nosotros la divinidad está democráticamente distribuida en la naturaleza. De esta manera, todo esto que ves y aquello que no ves porque no te alcanza la energía para 'ver', contiene de manera natural la maravillosa divinidad de la creación sin discriminación alguna.


Para ustedes la expresión máxima de la divinidad es Jesús. Para nosotros Jesús es ciertamente expresión de la divinidad, tanto como ‘esas otras’ de sus manifestaciones que a ustedes no les dicen casi nada.

Esta piedra es la muestra de que nuestros ancestros ya habitaban esta tierra sagrada desde hace millones de años*. Gracias a ellos estamos aquí. Los ancestros y nosotros pertenecemos a una misma familia, al mismo linaje: linaje del venado, de la tierra, del universo”.

De regreso a Toluca, mi ciudad, coloqué la piedra en el altar de la casa de mi madre y le compartí esta historia para que se la cuente a todos los que por los que ahí pasan buscando su palabra y su generosidad.

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* Las amonitas que parecen en la piedra son moluscos que vivieron en los mares de la tierra primitiva entre el Periodo Devónico (hace 450 millones de años) y el Periodo Cretáceo (hace 160 millones de años)



1 comentarios:

  1. indio-solar says

    Recordando, Re"viviendo" y con ese léxico maravilloso de poesia tepiteña, tienes razón, en esa tierra ancestral... "no hay ilusión", se puede ver...se puede sentir... La serpiente habló, cantó y danzó. Todos iguáles, todos yo... todos tú...todos Él...