Corazón, memoria y visiones


Por Juan Negrín Fetter

La vida religiosa de los huicholes gira alrededor de la veneración de sus antepasados. Estos primeros seres vivos se identifican con las fuerzas y los elementos de la naturaleza, porque ellos mismos los han creado con su sacrificio y búsqueda de visión. Recíprocamente, sacrificio y búsqueda de visión son las vías que deben recorrer los seres humanos – que son descendientes de los antepasados – para conocer el mundo de los ancestros y reactualizarlo en la experiencia propia.

Nuestra Bisabuela Takutsi puede caracterizarse como la esencia genérica femenina de la fertilidad, encarnada en la oscura matriz primordial que protege las semillas. Por eso en uno de sus aspectos –Takutsi Im+ákame- muele su propia carne con un hueso de metate y lo convierte en masa de maíz para nuestro provecho. Takutsi Nakawé tiene el poder de hacer crecer todo lo que el hombre tira a la tierra, de lograr que se precipiten Nuestras Madres de la Lluvia, y además es el oráculo del diluvio que transformó el mundo. Takutsi Kiekari Mara’akame organizó el mundo en el que vivimos.

Nuestro Bisabuelo Tatutsi es el principio vital masculino. Tatutsi Xuweri Timaiweme es la fuente del conocimiento y de todo lo que existe; Tatutsi Maxakuaxi, Nuestro Bisabuelo Cola de Venado, es el camino que brota de la tierra, mismo que emerge de su pecho y de sus astas en el oriente y, en este acto, es acompañado por uno mas de los antepasados: Tatewari , Nuestro Abuelo el fuego, antecesor del Sol.

La revelación de los antepasados se da en el Nierika, el punto donde los antepasados concentran su energía para revelarse e instruir al devoto en las siete partes del campo sagrado. Su campo de acción inicia en el centro (Ixr+apa) y se expande, sobre nuestro nivel terrenal, hacia los cuatro puntos cardinales, del sur (Tseriata), al norte (Utata), y del oriente (Paritek+a) al poniente (Tsut+a). El campo sagrado también se expande, a lo largo del eje central, hacia el mundo subterráneo y subacuático (Watet+aupa), o hacia el mundo celestial (Taheima). Estos caminos son concebidos como una esfera, o bien con matrices que son simbolizadas con jícaras de bule.

La percepción trascendental el don del Nierika, se consigue a partir de una disciplina constante que obliga al iniciante a seguir las costumbres de los antepasados con los años, al haber recorrido los lejanos lugares sagrados en las peregrinaciones; compartido el sustento de su caza, y celebrando con sus vecinos las fiestas de la siembra y la cosecha. Los iniciados adquieren corazón y memoria (iyari), lo que les permite mantener el don de la percepción trascendental o nierika. Sus revelaciones se pueden manifestar entonces a través de los sueños.

Nierika es también, para los peregrinos un espejo que refleja las apariencias de los antepasados. Tatei Matinieri, Nuestra Madre que Ve desde Abajo, toma la forma de un oasis que simboliza la lluvia oriental y la fecundidad. Este oasis también es un Nierika en que los peregrinos establecen contacto con Nuestra Madre. Mas adelante, los peregrinos encuentran un lugar en el que hay arbustos de los que se extrae un pigmento amarillo luminoso (Uxa). En este sitio Tuimayau, los peregrinos se arriman a otro oasis sagrado. Entonces ellos, en tanto que iniciantes, se transforman en antepasados que se acercan desde el lugar donde amanece Nuestro Padre el Sol.

A partir de ciertas disciplinas, que incluyen confesiones abiertas, y ayunos con caminatas seguidos de vigilias los peregrinos se “limpian” para cazar el venado sagrado en Wirikuta… Ahí, nuestro Hermano Mayor Venadito del Sol (Tamatsi Kayaumari ) ofrece su corazón memoria en forma de peyote al peregrino que lo caza con flechas y lo mastica para obtener Nierika.

De modo que lo que llamamos la cosmovisión huichola resulta ser como una cortina invisible que separa a los no iniciados de los iniciados; es inaccesible para los primeros, y una realidad ya adquirida o superada por los otros. Los objetos rituales conocidos como Nierika, “espejos”, son tablas con agujeros para ver el mundo de los dioses. O se perciben los reflejos, o se pasa del otro lado.
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Publicado en Artes de México, No. 75, 2006.

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