Calentamiento global y social


Por Enrique Bores Rangel


El modelo de desarrollo surgido con la Revolución Industrial ha sido una trampa. Erich Fromm (1976) señaló hace décadas que la Gran Promesa que suponía que el desarrollo traería bienestar extendido para todos ha fracasado. Contradictoriamente, los caminos del desarrollo que hemos seguido para superar la pobreza nos han conducido a mayor pobreza y desigualdad. No sólo enormes poblaciones del mundo viven en condiciones de pobreza extrema sino que las poblaciones desarrolladas viven frecuentemente en condiciones de enajenación e infelicidad tales que la Tierra Prometida resulta un verdadero espejismo. Paradójicamente, no es la sociedad desarrollada quien salvará a los pobres del mundo sino son los pueblos originarios de la tierra, entre ellos los indígenas de América, quienes están en mejores condiciones de mostrarnos el camino para salvar al planeta, con sus estilos de vida, formas de convivencia y manera de relacionarse con la naturaleza (Berry y Clarke, 1997).

La universidad ha sido una institución que ha jugado un papel doble frente al sistema-mundo en que hemos vivimos los últimos dos siglos y que ahora hace crisis en forma de calentamiento tanto global como social. La autonomía de la Universidad frente a la esfera política es sólo una ilusión. Las universidades están íntimamente imbricadas en el sistema económico-político-social en que están inmersas (Wallerstein, 1998). Su papel es fundamental en la operación de este sistema y, por lo tanto, su responsabilidad también. La Universidad ha sido una institución legitimadora del sistema actual y uno de sus mecanismos de reproducción. Por otro lado, también es cierto que en su interior han surgido voces críticas que promueven la gestación de un sistema más justo y más viable. Es preciso que la actividad universitaria en todos sus ámbitos, de la docencia a la investigación, de las ciencias físicas a las sociales y a las humanísticas, aborde el asunto de la sostenibilidad de la vida y del planeta como tema central de estudio.

El trabajo de los investigadores que actualmente abordan la sostenibilidad, citado en el documental “An inconvenient truth” (Guggenheim, 2006), es importante en el sentido de que nos alerta sobre la gravedad de la situación actual y de la urgencia de tomar acción. Sin embargo, los principios éticos de armonía con la naturaleza y responsabilidad con las consecuencias de las propias acciones, que ahora se vuelven imperantes, han estado presentes durante mucho tiempo en diversas culturas, particularmente entre los pueblos originarios de los cinco continentes del planeta.

Hace algunos años mi familia y yo hacíamos el cálculo de nuestro
impacto global. Ahora que lo hemos vuelto a medir nos damos cuenta de que, si bien las medidas que hemos tomado en nos han llevado a mejorar nuestro desempeño, aún nos 'comemos' más de un planeta. Sin duda, el estilo de vida que aún hoy mantenemos es posible debido a que nos están subsidiando las poblaciones que viven en la pobreza en lugares menos favorecidos del mundo. Como familia sabemos, también, que no estamos haciendo lo suficiente para cuidar responsablemente los recursos a los que tienen derecho los seres humanos que aún no han nacido. Por lo antes dicho, hemos decidido redoblar esfuerzos tomando acción personal y familiar, generando consciencia, abriendo canales de reflexión y promoviendo el diálogo.

No creo que el rol de los profesores universitarios sea el de mantener “una actitud ejemplar, ser un modelo de vida e inculcarles a los alumnos los valores con nuestro propio ejemplo personal”. Sin duda la mejor manera que he encontrado para educar es mediante la congruencia pero conjugada con la reflexión abierta. No valoro los movimientos verticales de educación en los que los maestros buscan “inculcar” algo. Ya decía Carl Rogers (1964) que realmente no es posible enseñarle nada significativo a otra persona. No valoro las actitudes de personas que se ostentan como modelos de virtud imponiendo sus propias normas éticas como universales. No espero que mi movimiento de congruencia genere imitadores, sino que genere reflexiones.

Sin duda, entre los papeles centrales a desempeñar por la universidad frente a las crisis de calentamiento, tanto ecológico como social, está el cuestionar, el promover la reflexión y el establecer el diálogo en el encuentro.

Referencias:

Berry, T. y Clarke, T. (1997). Reconciliación con la tierra: la nueva teología ecológica. Santiago, Chile. Ed. Cuatro Vientos.
Fromm, E. (1976). ¿Tener o ser? México, DF. Fondo de Cultura Económica.
Guggenheim, D. (2006). An inconvenient truth: a global warning. DVD Documental, Paramouth Classics.
Rogers, C. (1964). El proceso de convertirse en persona. México, DF. Ed. Paidós.
Wallerstein, I. (1998). Impensar Las Ciencias Sociales. México, DF. Ed. Siglo XXI.

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Enrique Bores nació en Parral, Chihuahua, México.
Es catedrático de tiempo completo de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey. Maestro, consultor, coach e investigador en aprendizaje y desarrollo personal y organizacional.

http://empowerment.blogspot.com/

1 comentarios:

  1. Dr. Enrique Cárdenas says

    Tocayo
    magnífico comentario acerca de la necesidad de la reflexión y no unicamente el ejemplo o el ser congruente del docente. Ambas reflexión más congruencia llevarán a la autoformación de mejores seres humanos y, tal vez, incluidos nosotros mismos.
    Un abrazo
    Enrique