Visión del aguila


Venimos caminando de regreso siguiendo los pasos de la serpiente, mi mente está en el cosmos. Los pies vuelan al paso acelerado bajo el sol. Hace mucho calor, pero eso a nadie “ni le va, ni le viene”, el calor no importa, las espinas no importan, las piedras y el polvo, la distancia, el hambre, la sed…nada importa… Seguir, seguir adelante en El Camino, eso lo es todo.

Estoy feliz, lloro de felicidad, soy consciente de los pasos que he dado en la vida y me siento satisfecha, eso me toca, de eso tengo mucho que aprender. Y dejarlo todo atrás, no cargar nada, caminar así de ligero en la vida, así como en la serpiente. Toda adversidad que he vivido han sido lecciones para darme cuenta, para tener elección, para acecharme; oportunidades para salir del hoyo, para encontrar la fuerza y seguir caminando; encontrarme aquí en medio del desierto caminando, disfrutar del hecho de existir y de compartir.

La serpiente es ligera. Al reanudar su camino, entre la felicidad, la confusión del dónde estoy y a dónde voy, se pierde el orden… No importa… Volamos como serpientes emplumadas hacia el nido, con el corazón y el vientre encendidos. La energía fluye entre las vértebras de la serpiente, es una energía de entrega, de compasión, de integración. Las aguas para mojar los labios van y vienen, los gajos de naranjas, unos grandes y otros chicos fluyen hacia delante y hacia atrás caminando con la ligereza de las plumas en el aire. Observo a la mujer que vuela frente a mí… es pura dulzura. Cuando las espinas de las plantas le cierran el camino, las hace a un lado con suavidad y amor, me las pasa siguiendo el ritmo del paso volátil y yo las recibo en mis manos, así se las paso a la vértebra que me sigue…

De repente se acercan dos mujeres que aceleraron su paso… Al inicio de la caminata tomaron su lugar en las primeras vértebras siguiendo la orden de -“los más viejos adelante”-. Se insertan en la serpiente y…. la energía deja de fluir… todo se cierra. Los pasos se hacen más pesados, el calor se deja sentir con todo su peso…

¿Qué sucedió? …

Veo claramente que el poder se hace presente, toma su lugar. La lucha de poder…

Llegamos al nido, la serpiente empieza a cruzar el umbral que nos llevará directo con el Abuelo Fuego. Al lugar exacto de donde salió la serpiente.

Algo me detiene en la puerta y no puedo cruzar. Me quedo paralizada y la serpiente continúa hasta el corazón del nido.

Soy consciente que esa lucha de poder no tiene cabida en el nido. No puede regresar tal cual, así como salió. No después de recibir La Medicina, no después de recibir el regalo de Wirikuta, después de hablar con los Guardianes y con los Cuatro Rumbos. Gaia no lo permite porque entonces nada tiene sentido.

Siento la impotencia de Gaia por todas las mujeres que no se dan cuenta…Osiris me lo indica. Osiris, el huevo de obsidiana que habita en mi cueva y que me acompaña en esta travesía. Osiris y la medicina me susurran que a pesar de todo, la mayoría de las mujeres que cruzaron el umbral del nido no tiene ni la menor idea de la cárcel en la que se encuentra, de la cárcel que ellas mismas alimentan día con día. De la cárcel del dolor que habita en sus cuerpos y se disfraza de arrogancia y lucha de poder. Atrás sólo hay miedo, tristeza e impotencia.

El miedo, la tristeza y la impotencia de todas me abraza, empieza a recorrer mi cuerpo…Me queda claro que esto que siento no es mío, sin embargo hay que ofrendarlo. Me desplomo sobre las rodillas para entregar esta mole de emociones a la Madre Tierra, a Gaia, a Wirikuta, al Cuenco Sagrado que nos contiene. Para pedir con humildad y respeto que esto sea transformado… Mis manos temblorosas buscan en el morral algo para ofrendar y saco las semillas que serían para las futuras ofrendas… las coloco todas sobre la Tierra, pero eso no es suficiente. Mis lágrimas escurren y un vibrar desgarrador recorre mis entrañas hasta encontrar salida por mi garganta. Lloro como niña. Lloro por mí, por todas, por todos… por la energía femenina que está atrapada en hombres y mujeres. Mi llanto y las semillas no son ofrenda suficiente… Busco mi OMI. Es mi identidad, es la energía de mi ombligo, la energía que me une a mis ancestros, que me une a la energía que me dio la vida. La Madre Tierra.

Con mis manos entierro el OMI entre los matorrales. Rezo y canto. Poco a poco voy regresando a mi centro.

Me siento bajo un árbol. Ahí la medicina me proporciona claridad y entendimiento. ¡Si es que algo se puede entender!

El sonido penetra lo impenetrable. Entra en cualquier cuerpo, en las piedras, en la Tierra, en los corazones. No pide permiso. Al entrar armoniza los cuerpos y el ritmo de las células… El Canto Armónico.

Porque el Canto, el Sonido Primordial es la Energía que se expande en todo el Universo, porque une a todos los seres en Armonía y los conduce al Amor…Porque el sonido puede transformar la desarmonía…Porque el sonido nos muestra cómo vivir con el Todo.

Entonces una ofrenda más. Ahí bajo la sombra del árbol canto a la Madre Tierra agradeciendo por lo que nos da. Ofrendo los armónicos pidiendo que la energía femenina de la Madre Tierra llegue a todos los corazones y encontremos El Camino. El camino de la Medicina, de la Serpiente, del Abuelo Fuego. El camino del Corazón…


Brenda Elizabeth Oropeza - Masacalli

Fotografía: Enrique Del Aguila (2006)

1 comentarios:

  1. Sebastian says

    Decía el anciano que la cuchara no saca más que lo que la olla tiene adentro. Miro en tu espejo mi propio caminar, mujer, el sudor, el llanto, la sed ofrendados en tu visión.
    Pamparius