Raramuri I



La música santifica el momento en la vida de todos los Raramuri. Diariamente nuestros bailes nos llenan la vida de alegría, valor y confianza en Nuestro Creador. Nuestras canciones y bailes sirven como oraciones de gracias para bendecir a los enfermos, nuestros campos y nuestras cosechas. Hasta las tareas más comunes tienen un sentido eterno cuando hay música en el aire.

Cuando Dios Onorúame creó el mundo lo hizo cantando y bailando. El latido de Nuestra Madre, la Tierra, fue el tambor que lo acompañó. Sentimos su latido cuando descansamos en el seno de la tierra y cuando el yúmari -baile de la siembra- se canta, oímos el pulso de la vida tocado por el tambor como oración del sembrador.

Todo lo que hacemos tiene sentido musical. Sentimos los movimientos de nuestro Creador en la naturaleza y creemos que nuestra fuerza depende del respeto y de la reverencia que tenemos hacia todo lo que vive. Nacemos, vivimos y nos acostamos a descansar en la palma abierta de nuestra Madre, la Tierra. Somos como las hojas, moviéndonos en el viento con las ramas. En otros follajes sentimos el pulso, ritmo y enlace común a todo lo que vive.

Nosotros y nuestros amigos, los animales, nos entendemos. Tenemos una manera armoniosa de vivir cerca de Nuestra Madre la Tierra, donde podemos permanecer en buena salud desarrollando nuestras fuerzas en el aire libre, el sol y los manantiales de agua pura y clara.

Onorúame creó un mundo de cambio en donde todo lo que tiene vida, se puede mover libremente para encontrar alimento en nuevos pastos. La libertad de movimiento lleva el trabajo y el juego a un baile de la vida donde los pasos siguen los cambios de la temporada hasta que el bailador logra sentirse una parte del todo.

No necesitamos cárceles porque casi no tenemos crímenes. No necesitamos candados o llaves porque casi no tenemos ladrones. Si alguien no tiene maíz o no posee una cobija, nosotros se lo damos como corima, un regalo, ya que nosotros también hemos recibido todo como un regalo. Queremos poseer sólo para pasarlo a los demás. Somos ricos en todo lo que no necesitamos. En el pasado no conocíamos el dinero y por eso, nunca aprendimos a juzgar a una persona de acuerdo a sus riquezas. No tenemos leyes escritas porque no nos engañamos el uno al otro.

Nuestras vidas están nutridas por las experiencias no solamente por las letras de un libro. Desde un principio nuestras vidas son una parte de la danza del yúmari que une una temporada con la otra. Cada uno vive siguiendo su propio ritmo. Onorúame nos dio la música uno nació para encontrar su tono personal.

No hay dos hojas sobre la tierra que sean completamente iguales; cada uno tiene su propio diseño y nosotros somos todos una parte del Árbol de la Vida. Tata Rioshi nos dio el entendimiento de las cuatro temporadas. Somos como las flores. De nosotros mismos no entendemos nada, pero cuando Tata Rioshi vive dentro de nosotros, entonces sabemos cuándo quebrar la semilla, cuándo salir de la tierra, cuándo estrechar nuestras ramas y hojas hacia la luz, cuándo abrir los capullos y cuándo dormir. Él, que es más grande que nosotros nos enseña cómo vivir.

Las montañas son más bellas que las casas de cemento. La vida se ahoga cuando está continuamente encarcelada en una ciudad. Mucha gente no conoce el sentido de la tierra bajo sus pies -sólo el asfalto- ni ven el crecimiento de las plantas. Son muchos los que rara vez dejan las luces de la ciudad. Ellos no conocen el encanto de una noche llena de estrellas. Cuando el hombre vive tan lejos de todo lo que Onorúame creó, se olvida fácilmente de sus principios.

Tu hermano Raramuri



1 comentarios:

  1. beatriz says

    Que hermosssssoooo!! hoy tendre le fortuna de representar un raramuri, pues estudio danza, y esto me ha inspirado a hacerlo con el corazon...gracias