Náay - T’aan



Los sueños no se extinguen igual que los hombres. En ocasiones se declaran muertos sueños que viven. Mas los sueños son casi perennes: se resisten a ser enterrados o realizan el prodigio de volver, de resucitar.

Antes de que el Sol se asome en destellos luminosos, los sueños de nuestros antepasados se cumplirán y habrán de estar con nosotros al conjuro del poder del silencio, del poder del viento, del poder de la palabra.

No olvides que los sueños no son para acumular saber, ni para entregarse a las fantasías. Los sueños son una rendija de luz para el ejercicio del poder del espíritu.

Soñar es un ejercicio del espíritu que trata de escapar a la prisión de la carne.

Recuerda siempre que, en el universo de la naturaleza, los sueños se convierten en realidad.

La lluvia es el sueño del agua.
El humo es el sueño del fuego.
El azul del cielo es el sueño eterno del aire.
Pero tú, que estás hecho de maíz amarillo, como esa luz que nos cobija, ¡despierta!, ¡abre los ojos!, ¡abre el espíritu!
¡Tú eres el sueño privilegiado de la tierra!

Jorge Cocom Pech

Poeta de la Nación Maya (México)




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