Fuego Nuevo III


Fuego nuevo I
Fuego nuevo II


No me explico cómo un abuelo como Don Pedro tiene tal fortaleza física e intelectual. Por varios años con él hemos peregrinado por la montaña, la selva, el desierto y la mar. Una y otra vez la humillación física sufrida es inobjetable; ni los más mozos del grupo le aguantan el paso.

Camina y corre como un siervo joven por entre las gobernadoras, los cactus y las espinas en el desierto; se mueve con la sagacidad y agilidad de un jaguar en la selva.

En el terreno de la razón es un hombre con una inteligencia prodigiosa. Frecuentemente se mofa y burla agriamente de las dificultades que enfrentamos para seguirlo sin que nos valgan doctorados, libros escritos, artículos publicados, prestigio profesional ni posición social.
_____________________________________________________________________


Don Pedro apenas y se movió. Los leños que había colocado se fueron consumiendo poco a poco.

Cuando solo las brazas quedaban continuó con su discurso usando ‘ese tono’ tan peculiar que le fui conociendo con los años cuando le ‘da palabra’ a la conciencia que nace del presente. Conciencia a la que él y otros abuelos le llaman “el espíritu”:

“Virikuta como lugar geográfico es un espejo para que nos miremos o para que eso que es el espíritu se mire a través de nosotros. Porque así como el espíritu usa a esta planta, a ese arbolito, a ese insecto para mirarse en el mundo, así también se mira a través cada uno de nosotros. De la misma manera que nosotros intentamos mirarnos en este espejo que es la naturaleza”.

Dándose cuenta de nuestra sorpresa ante su última declaración, se volvió hacia el grupo y dijo con exquisita ironía:

“Mientras gente tan ‘preparada’ como ustedes se toman un tiempo para repasar mis palabras y entender o dilucidar si en mi planteamiento hay algún fundamento e-pis-te-mo-ló-gi-co: ¡voy a echar una miada!”

El desparpajo del viejo y su enorme capacidad para saltar de lo sublime a lo grotesco nos provocó un ataque de risa. Don Pedro se interno entre los árboles a orinar. Mientras lo hacía empezó a cantar con aparatosa voz imitando a “Los Panchos”:

“Siempre que te pregunto
Qué cuándo, cómo y dónde
Tú siempre me respondes
Quizás, quizás, quizás.

Y así pasan los días
Y yo, desesperando
Y tú, tú contestando
Quizás, quizás, quizás"

Salió de la enramada y se sentó de nuevo para confrontarnos con descomunal fuerza:

“Ustedes creen que saben mucho cabrones, porque tienen sus doctorados, son profesionistas o empresarios. Algunos hasta vienen presumiendo que han caminado por años con otros nahuales de la tradición indígena”

Señalando al fuego y mirando al desierto exclamó:

“¡Les aseguro que de este libro y de esta universidad no saben absolutamente nada!


El problema con ustedes es que se creen muy importantes y están muy seguros de que un pinche indio ignorante como yo nada tiene que enseñarles.

¡Me dan ganas de dejarlos aquí en medio del desierto para que demuestren que tan chingones son!”

Guardo silencio por varios minutos. Finalmente se levantó y tocando un requinto imaginario empezó a cantar de nuevo:

“Estás perdiendo el tiempo
Pensando, pensando
Por lo que tú más quieras
¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo?

Y así pasan los días
Y yo, desesperando
Y tú, tú contestando
Quizás, quizás, quizás”

Su elegancia e impecable imitación derivaron en desmadre colectivo. Apenas pudimos contenernos Don Pedro dijo:

“¿Ustedes que son tan cultos, tan sabios, tan chingones díganme como le hacemos para resolver este misterio?”

Nadie contesto ni media palabra. El abuelo se quedó mirando al horizonte con los ojos entrecerrados y por último expresó:

"¡Qué doloroso es mirarnos en este espejo -madre Virikuta- que es una con nosotros y no poder encontrarnos, ni escucharnos, ni vernos! Existe una niebla nos impide develar nuestro verdadero rostro mucho más allá de las máscaras de la falsa identidad.

Estamos aquí para mirarnos en este espejo y comprender hasta que punto hemos quedamos atrapados entre el pasado y el futuro sin libertad para entrar en el presente y develar nuestro verdadero rostro. La niebla entre nosotros y el espejo nos impide mirarnos de manera natural y se manifiesta como un abismo que separa la cabeza, la palabra, el corazón y las manos del Hombre.

El ‘hombre común’ intenta vana e infructuosamente penetrar el misterio a través de la razón, mientras que el ‘hombre despierto’ acepta el desafío de caminar sin buscar. Sin buscar exactamente ‘algo’ que encontrar ya que generalmente ese ‘algo’ lo compromete con lo que imagina que tiene que encontrar, como ‘algo’ que ya conoció en algún momento. De ser así estaría condenado a encontrar aquello que ya conoce, incluido él mismo en eso ya conocido”

Don Pedro no dijo más. Se levantó y nos condujo hasta abandonar el bosque de mezquites. No habíamos caminado ni un minuto cuando el abuelo se detuvo, se volvió hacia el grupo y gritó a todo pulmón:

“¡De veras que están bien pendejos! ¡Si no entienden por lo menos canten!”

Pablo al violín, Roberto a la guitarra, Paulina a la jarana, la serpiente cantando y atravesando el misterio: caminos de Virikuta.

“Siempre que te pregunto
Qué cuándo, cómo y dónde
Tú siempre me respondes
Quizás, quizás, quizás.

Y así pasan los días
Y yo, desesperando
Y tú, tú contestando
Quizás, quizás, quizás.

Estás perdiendo el tiempo
Pensando, pensando
Por lo que tú más quieras
¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo?"

Jorge Enrique Gasca


3 comentarios:

  1. julietag says

    En que broncas se mete uno por buscarse, y cuando finalmente se encuentra lo que queda es la obligaciòn y el servicio. La obligaciòn de llevar a otro al mismo lugar y servirlo hasta que se despierte. Gracias por seguir caminando.
    Ladivina Dora


    jazzlefty says

    HOLA! Parece el tal Pedro una personificacion del don Genaro de los libros de Castaneda, chance y lo hace a drede no?..
    ojala que toda esta gente que va al desierto tenga un afan genuino de reverencia y agradecimiento., me he topado con muchos drogos con mascara de misticos,saludos1


    Jorge Enrique Gasca says

    jazzlefty:

    El tal Pedro cambia de disfraz de acuerdo a la ocasión. Se parece a don Genaro, se parece a don Juan, pero se parece mucho más a él mismo que a otros.

    El confiesa que se sobreactúa de tal sublime manera para:

    1) Aniquilar el ego del citadino y dejarlo a las puertas del umbral del misterio.

    2) Mostrarnos el rostro insolente de la tradición de los abuelos que se confronta con el status quo, mucho más allá de la lastimera idea de lo indígena como ladino o atrasado, para movernos el punto de encaje.

    Uno, pero solo uno, de los momentos de la pedagogía de la tradición indígena mesoamericana pasa por la enseñanza del jaguar, cuyo propósito es acechar y aniquilar el ego. Existe también la enseñanza de la serpiente, la del venado, la del aguila y la del colibrí, integradas en una propuesta magistral de desarrollo humano.

    Se irá revelando de a poco...

    Un abrazo con todo afecto.