Fuego nuevo II


Don Cruz no contestó y apresuradamente desvió la conversación. Estuvimos charlando de diversos temas por varias horas. Antes de retirarse expresó con gran seriedad:

¡Pedro es un personaje, un auténtico arquetipo de la tradición indígena viva, un códice encarnado de la leyenda!

Si aceptan el privilegio de caminar con él no tienen más remedio que aceptar las consecuencias como guerreros. Tarde que temprano sabrán que el desafío físico que demanda es extenuante y que seguirle los pasos entre los ‘picos’ más blancos de lo sublime y los ‘abismos’ más obscuros de lo grotesco es una aventura perceptual devastadora.

Con el paso de los años he comprobado que las palabras de Don Cruz eran fundadas y que con justificada razón pretendía advertirnos de andarnos con mucho cuidado con Don Pedro.
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Caminamos por el desierto con rumbo al Bernalejo desde del amanecer. El sol caía a plomo al mediodía. Don Pedro aminoró el paso y se internó en un bosque de Mezquites, indicándonos a señas que nos colocáramos en círculo bajo la sombra de un árbol.

Los peregrinos aprovechamos el respiro para hidratarnos, comer algunas semillas y curarnos los pies:

“¡Carajo la próxima vez le hago caso a Don Cruz y me la pienso dos veces antes de venir!

¡Qué necesidad tengo yo de andar tras de los pasos de este viejo loco y tirano! – me reclamaba a mí mismo mientras atendía mis pies ampollados por herencia de la ‘caminadita’.

Tras breves instantes de paz embestí contra mí mismo con mayor trapío:

-¡Pero si seré pendejo!

¡Yo podría estar en mi casa con toda paz en lugar de estar en este infierno de 45 grados buscándole chichis a las serpientes!”

Vencido por el cansancio dormité por poco más de una hora.

Para cuando desperté Don Pedro ya había encendido un pequeño fuego en el centro del círculo. Muy despacio y con gran respeto le iba alimentando con leños secos. Lo estuve observando por un largo rato, su manera de tratar al fuego y de hablarle me parecía muy extraña. Jamás había visto a alguien que así lo hiciera.

“¡Lo que me faltaba, definitivamente estos pinches indios se quedaron en el neolítico. No han superado el paganismo!

¡No puede ser que en pleno siglo XXI todavía haya hombres que adoren al fuego!- murmuraba en voz baja mientras observaba lo que me parecía un folclórico espectáculo.

Al mismo tiempo, extrañamente, lo que presenciaba me parecía maravilloso y conmovedor. Una parte de mi juzgaba implacablemente con la razón, mientras que otra se rendía ante ese ‘algo’ maravilloso y conmovedor, que aparecía ‘ahí mismo’ tan original y desconocido.

Cuando todos los miembros del grupo se habían incorporado al círculo, Don Pedro dijo con voz muy suave:

“Nos sorprende en el desierto, en una montaña, en la mar. Nos sorprende aquí en una ceremonia. Nos sorprende en la ciudad ¡Es este presente al que le andamos dando la vuelta entre el futuro y el pasado, éste que está aquí ahora mismo!

Miraba como deslumbrado al fuego como si quisiera descifrar algo. Parecía no tener prisa. Iba colocando un leño del lado izquierdo y otro del lado derecho. Pasado un largo rato continuó:

“Hay lugares con un imán de presente, que nos atraen y llaman para que nos demos cuenta de cómo andamos rebotando del pasado al futuro. Virikuta es uno de esos lugares, es una tierra mágica, un puente, un imán hacia ese presente. Es un espejo de una tierra pura cuyas dimensiones no alcanzan a percibir los sentidos del hombre 'común', del hombre ‘moderno-civilizado’. Es algo así como si detrás de la escenografía del mundo establecido, simultáneamente estuviera todo ocurriendo: algo increíble que vivir, algo maravilloso que comprender, algo verdadero que nos está esperando”.

Súbitamente se levantó y extendiendo los brazos exclamó con potente voz como queriendo sacudirnos:

¡Es este algo, este presente que ustedes mismos viven aquí y ahora de manera natural en este preciso momento!

Don Pedro se sentó de nuevo y colocó su dedo índice sobre los labios para pedirnos absoluto silencio, acto seguido golpeteó con el mismo dedo su oído izquierdo para pedirnos escuchar con total atención.

“Escuchen las voces de la tierra, el canto y el corazón de nuestros ancestros- susurró varias veces en voz muy baja.

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